Desde la orilla ...

  LA VERDADERA REVOLUCIÓN

 

 

Pobreza y limitación por doquier. Ante Dios sólo somos pobres y mutilados, lo buscamos pero no lo encontramos, tan sólo lo deseamos e intuimos. A él llegamos entre sombras con nuestras pobres cosas, nuestros ritos, nuestras formalidades, nuestros objetos, nuestros deseos. Estamos en sombras, en un país de sombras, en un mundo de oscuridades.

         Y mira que tú, Jesús, viniste al mundo con la clara misión de evangelizarnos, de traernos a los hombres la buena nueva, pero ¿esta buena nueva era la que los hombres esperábamos y queríamos? Estas olas de la mar, aún en calma, van a donde ellas quieren, no a donde queremos los hombres. Siguen sus normas, pero no las nuestras.

         Mientras las olas van y vienen, vienen y van, me recreo en cómo llamaste a tus discípulos, al igual que a nosotros nos llamas en el día de hoy. ¡Qué grandeza de llamada y qué pequeñez de respuesta! ¡Cómo nos apremias! “Porque la mies es mucha… rogad al Padre que mande obreros a su mies”. Lo que tú hiciste lo compartes. ¡Qué maravilla, Señor! Nos equivocamos cuando, emborrachados de vacua importancia, nos creemos importantes, cuando pensamos que gracias a nosotros los hombres son evangelizados, pero no, no lo vemos. Los hombres siguen igual.

         A pesar de todo, dulce es tu voz: “Poneos en camino. Os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias. No os detengáis a saludar a nadie”. Solamente, tan solamente, ser portadores de la paz, la paz que brota y está en el Reino. Una paz por la que ni se paga ni se cobra.

         Cómo se nota, se vive la paz aquí junto a tu mar, tu mar de sales y de algas, de silencios y susurros, de susurros que preconizan la presencia de Dios. ¡Qué bueno es estar aquí junto a tu mar, junto a la mar que tantos misterios encierra, junto a este banco en que tus hijos sacan el pan de cada día! Sí, aquí se está en la paz.

         Y Pablo precisa en su carta a los Gálatas. No hay evangelización, sin autoevangelización. No podemos dar a Dios, si no estamos impregnados de él, aunque tan sólo sea una impregnación pequeñita. No valen palabras huecas y tramposas. Sí valen otras, poquitas pero verdaderas. Llenas de pecados, pero verdaderas, si bien estén impregnadas de nuestras limitaciones.

         Lo que es más duro, aunque más reconfortante, es que esta evangelización tan sólo la podemos hacer desde la cruz, y estos valores no son los del mundo. La cruz aterra, gusta el dinero, el poder, el placer, el dominio, el mando. Pase de mí esta cruz, este cáliz. La semilla que se mete en tierra y se pudre da mucho fruto, da el fruto de la paz. Da el fruto de saber que en el abrazo de Dios hay como el abrazo que a un niño da una madre que consuela.

         La vista se pierde en el horizonte. Sólo hay paz y en esta resuenan las palabras poéticas y proféticas de Pedro Casaldáliga:

 

No tener nada.

No llevar nada.

No poder nada.

No pedir nada.

Y, de pasada,

No matar nada;

No callar nada.

 

Solamente el Evangelio como una faca afilada.

Y el llanto y la risa en la mirada.

Y la mano extendida y apretada.

Y la vida, a caballo, dada.

Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,

para testigos de la revolución ya estallada.

 

Al final del camino me dirán:

¿Has vivido? ¿Has amado?

Y yo, sin decir nada,

abriré mi corazón lleno de nombres.

 

 

Buenas noches.


03/07/2016

  LA OFERTA

 

 

La fe cristiana es una opción ante la vida. Opción libre, clara, integral y exigente. No obstante, el cristianismo ha sido en no pocas ocasiones interpretado, presentado y vivido como cada cual ha querido. A veces por las oscuridades y egoísmos históricos, otras por la mundanidad personal. En uno y otro caso hay que reconocer que se ha llegado a deformaciones increíbles. Tanto se cubrió el rostro que Cristo, que este o no se veía o era radicalmente distinto al auténtico.

          No cabe otra. No hay más camino que buscar a Jesús de Nazaret en las fuentes auténticas. Esto es urgente e imprescindible, más en los tiempos que estamos viviendo. Donde está el verdadero rostro de Cristo es en las Sagradas Escrituras. Es ahí donde nos encontramos con sus palabras, con sus hechos, con él en suma. Así se entienden las palabras de papa Francisco cuando invita a todos a tener junto a sí un Evangelio. Por cualquier página que se abra allí está Jesús. No es tiempo de dejarnos llevar por lo que dicen que dicen de Jesús de Nazaret. Es hora de encontrarnos con su verdadera fuente, con él mismo en persona.

          El cristianismo afirma con plena claridad la igualdad de todos los seres humanos en un mundo donde reinan las desigualdades en grado sumo, donde los hay que lo tienen todo, y la inmensa mayoría, sin voz, no tienen nada. Hace falta que griten por los que no tienen voz hasta las mismísimas piedras. Ahí está la lucha del cristiano; no en una lucha por mantener privilegios, sino en vocear por los sin voz, en luchar por ellos, en ponerse en su lugar.

          Así lo proclama Pablo a los Gálatas 3: “Ya no hay distinción entre judíos y gentiles (diferencias culturales), esclavos y libres (diferencias socio-culturales), hombres y mujeres (privilegios por el sexo), pues todos sois uno en Cristo y herederos de su promesa”. No son las ideologías las que crean igualdad, ni la política, ni la cultura, ni el sexo, sino Jesús de Nazaret. Él sembró las raíces de un mundo radicalmente humanitario, para que humanitario lo hiciésemos nosotros. No hay división con Cristo; sin él ya sabemos lo que hombres y mujeres han hecho de este mundo a través de la historia. Y no hay diferencias en Cristo, porque “todos somos hijos de Dios” (Gálatas 3).

          No es fácil este estilo de vida, pero es tan liberalizador y ennoblece tanto que la vida adquiere una nueva dimensión, ya no es importarte ni el día ni la noche, ni el frío ni el calor, ni el ser bien o mal visto, ni carecer o poseer. Y sólo así, en esta dimensión, es en la que los otros, apartados y separados de la fe en Cristo, únicamente cómo creerán en él.

          Es una pena que tan gran tesoro lo llevemos en vasijas de barro, es una pena que también nosotros tengamos que cargar con nuestras faltas y pecados, es una pena que en no pocas ocasiones seamos incongruentes. Sólo nos queda él y sus palabras: “El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día, y se venga conmigo”.

          Mientras paseo, en estas reflexiones, por la orilla de la mar, me relajan unos versos de Alfredo Ibarra:

 

Era eco de la cárcava del hombre

que sediento de la nada reclama

su justo precio pudibundo y lánguido,

ganado a golpes de palabras sordas.

 

Los sastres no cortan solos los trajes.

Hay quien vende el agua y la libertad.

¿Dónde hallo para mí un refugio

que me aparte de altivos capitanes

de nácar y bilis, de vino aguado?

 

Este rumor de palabra en eco

no es alto y egregio verbo del hombre,

y a pesar de los viejos testarudos

subyace una presencia inexorable.

 

Confieso que no hay poesía sin poetas.

 

¡Vuelve, hombre! Amando venzo a la muerte.

 

 

Buenas Noches.


19/06/2016

  UNA VIDA SIN DIOS

 

 

Inmersos en plenitud en la vida terrenal, más pronto o más tarde llegamos a descubrir que esta ni llena ni tampoco tiene una explicación para el sentido profundo y radical de la vida. Sin rodeos, la religión o es completamente libre, radicalmente libre, o no es nada. No se puede cimentar la vida político-social de un pueblo sin este principio. Ser ciudadano es ser laico, porque una laicidad respetuosa es la clave para una buena convivencia. No vale la intolerancia ni la de un lado ni la del extremo, porque la intolerancia genera odios y enfrentamientos, y estos validan las guerras. Es posible vivir en pluralidad. Es sano vivir en pluralidad. Es humano vivir en pluralidad. La persecución y la muerte por causas religiosas es una vuelta al pasado, a lo más oscuro del pasado, a lo tribal, a lo repugnantemente antihumano.

          Prescindir de Dios, sea cual sea la visión que se tenga de él, aunque sea la no-visión, es prescindir del motor, del espíritu que anima nuestra existencia. No me cabe la menor duda de que el hombre, cada cual a su estilo, tiene hambre de trascendencia, de sentido, de ver más allá, de sentir más allá, de no separarse jamás de las personas y de las cosas que ama. La trascendencia es una realidad humano-religiosa.

 

“Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Romanos 5).

 

¿Pero de qué Dios hablamos? Del Dios de Jesús de Nazaret. Este no es un Dios estático, ni justiciero, ni distante, ni negador del gozo de la vida, ni aburrido: “Todo el tiempo jugaba en su presencia” (Proverbios 8). Es un Dios próximo, causa de nuestra alegría y del sentido de nuestras limitadas vidas, misterio sólo, tan solamente intuido, pero aún no vivido en plenitud. Es un Dios tan tremendamente respetuoso con el hombre que ha seguido con él una pedagogía lenta y llena de ternura. No tiene prisa alguna. Es lento, tan lento como puede ser el hombre en entender: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora”  (Juan 16).

Este Dios de amor y ternura, y precisamente por serlo, nos ha dejado inmersos en un “yo”, un “tú” y un “nosotros”. Es presencia y ausencia. Uno y Trino. Verticalidad y horizontalidad. Me acerco a este misterio asido de la mano de Pedro Salinas:

 

Para vivir no quiero

 islas, palacios, torres.

¡Qué alegría más alta:

Vivir en los pronombres!

 

Quítate ya los trajes,

las señas, los retratos;

yo no te quiero así,

disfrazada de otra,

hija siempre de algo.

Te quiero pura, libre,

irreductible: tú.

Sé que cuando te llame

entre todas las gentes

 del mundo,

sólo serás tú.

Y cuando me preguntes

quién es el que te llama,

el que te quiere suya,

enterraré los nombres,

los rótulos, la historia.

Iré rompiendo todo

lo que encima me echaron

desde antes de nacer.

Y vuelto ya al anónimo

eterno del desnudo,

de la piedra, del mundo,

te diré:

“Yo te quiero, soy yo”.

 

 

Buenas noches.


19/05/2016

Desde el 1 hasta el 3 de un total de 72
1 | 2 | 3 | 4 | 5 | Siguiente » | Última »»