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  ESPERANZA

 

 

 

 

          A partir de 1478 por generosidad de los duques de Medinasidonia, así como por la conveniencia de que la ribera extramuros de la villa de Sanlúcar de Barrameda se fuese poblando, dado que los habitantes de la misma no cabían ya dentro de la villa murada, se comenzó a poblar toda la ribera desde el Barrio de La Balsa -a los pies de la subida al Pago de La Jara- hasta el viejo Camino de Barrameda en las proximidades del viejo convento franciscano de San Francisco, adquiriendo el nombre de Arrabal de la Ribera (el actual Barrio Bajo de la ciudad sanluqueña).

          En torno al Camino de San Francisco y al Camino de Barrameda -uno mismo durante muchos años, aunque posteriormente diferenciados- se fue configurando un barrio, el “Barrio de los Gallegos” que llegaría hasta el Pago de Guía, a la orilla misma de la mar. En este barrio se iría asentando progresivamente la gente de la mar y la gente que se dedicada a cultivar el campo. Era, por tanto, un barrio popular, habitado por muchas familias que, a través de toda su historia, prácticamente hasta fines del siglo XX, mayoritariamente vivían en la más extrema pobreza.

          En un ángulo de este barrio existió también desde tiempo inmemorial una ermita, la ermita de san Nicolás. Cuando las aguas corredizas que venían desde el pago de Santa Brígida habían conseguido deteriorar por completo la ermita, se construiría el actual templo de la parroquia de San Nicolás.

          La gente del “Barrio de los Gallegos” profesaron gran devoción a San Nicolás y al Cristo de las Aguas, con sede en este templo. En la década de los años `20 del siglo pasado llegó a Sanlúcar de Barrameda, adquirida por la Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración para constituirla en titular de la Hermandad junto con el Cristo Expirante, una imagen de la Santísima Virgen, a la que se le denominó con la advocación de la SANTÍSIMA VIRGEN DE LA ESPERANZA. La gente del “Barrio”, como era denominado ya el antiguo “Barrio de los Gallegos”, comenzó a venerar a la Madre de Dios bajo esta advocación de la Esperanza, hasta tal punto que no había acontecimiento familiar o personal que la gente sencilla de aquel barrio no depositase en las manos de la Esperanza. Gran parte del Barrio se hizo hermano de la Hermandad de que es titular la venerada imagen, junto con el Cristo de la Expiración. Pobre fue siempre la Hermandad, de origen humilde la mayoría de sus hermanos, escasos sus medios, pero la devoción a la Esperanza se volcaba de manera que, flor a flor traídas por sus devotos y devotas servían para exornar el paso para su salida procesional y para la celebración de sus cultos, a los que asistían gran cantidad de esta gente sencilla.

          Con el nombre de la Santísima Virgen de la Esperanza han sido bautizadas gran cantidad de niñas de la ciudad, encontrándose familias en las que hasta tres generaciones (abuela, madre y nieta) llevan en la actualidad el nombre de esta advocación mariana. A la Esperanza, como es popularmente denominada, se acercaba todo vecino que, desde el Barrio, se desplazaba hacia el centro de la ciudad, antes de ir allá a realizar cualquier tipo de gestión. La gente sencilla acudía (cosa que se ha seguido haciendo sin interrupción hasta el día de hoy) a la Esperanza en toda ocasión: ante un problema, o una enfermedad, o antes de marchar a la mar, o en tiempo de paro, o en tiempo de conflictos sociales, o incluso -durante muchas décadas- cuando cualquier hijo se marchaba al servicio militar.

          El estado tercermundista del Barrio durante muchas décadas hizo que instituciones públicas se interesasen por el grave problema de la vivienda, dado que vivían verdaderamente en situaciones sumamente precarias, por lo que se comenzó a construir viviendas para muchos de los habitantes del Barrio en otras zonas de la ciudad: Barriada Virgen del Mar, Barriada de Los Pajaritos, Barriada de El Almendral, Barriada de Andalucía, Barriada del Palomar, Barriada de San Cayetano. Una parte de lo habitantes del Barrio se fue desplazando a esas zonas, así como a otras zonas rústicas como La Jara y La Colonia de Monte Algaida. A todos estos lugares llevaron con sus pobres enseres los habitantes del Barrio su cuadro de la Esperanza y, lo que más verdaderamente importante y significativo, su devoción, fecundada durante tantas décadas y transmitida de padres a hijos. De manera tal que la devoción a la Virgen de la Esperanza es en la actualidad una devoción no sólo enraizada en toda la ciudad, sino incluso fuera de ella, siendo un testimonio evidente la gran cantidad de hermanos y hermanas que, residentes en otras zonas de España o del extranjero, vuelven cada Jueves Santo a estar con la imagen de sus más acendradas devociones.

 

          Existió siempre un maridaje estrecho entre pueblo y devoción a María, con esta advocación de la Esperanza. Los pálpitos del pueblo, tan continua y vivamente expresados, hicieron que esta Hermandad tuviese siempre un profundo carácter popular, no ajeno a la poderosa influencia del carisma de algunos de sus directores espirituales. Por ello, las Juntas de Gobierno de la Hermandad pretendieron siempre mantener y vitalizar este sentido de religiosidad y de proximidad fraternal. Cuando los tiempos han cambiado de manera más acentuada, en la actualidad quienes están al frente de esta Hermandad, conscientes de que es profundamente importante y vitalizador el “sentimiento” de tantos hombres, mujeres, jóvenes y niños, se han propuesto no limitarse a esa única faceta, sino que han abierto la Hermandad a otras facetas que se consideran imprescindibles en el día de hoy: la vida de religiosidad de los Hermanos y Hermanas, animada desde el interior de la Hermandad; la formación cristiana, elemental y teológica; y la acción de apostolado social, poniendo la Casa Hermandad y los propios Hermanos a tareas de atención benéfica y social encaminadas de manera preferente a los más necesitados en el día de hoy.


11/02/2016

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