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  MANDA HUEVOS.

 

 

 

 

La playa de Sanlúcar siempre atrajo a muchos y fue lugar adecuado para las hazañas de toda clase de pícaros. Ya lo dijo Cervantes en el Quijote: “Pensó el huésped que el haberle llamado castellano había sido por haberle parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz y de los de la playa de sanlúcar, no menos ladrón que Caco, ni menos maleante que estudiantado paje”.

Y mire usted por dónde los pícaros y bellacos encontraron en las playas de Sanlúcar su mapa picaresco, y no crea que ahora sólo sino de siempre. Cambiaron las formas de la picardía, pero nunca se alejaron de ella los pícaros.

Cuando los barcos venían de las Indias, cargados de toda clase de riquezas y hete aquí que la barra, convertida en fiel colaborada de los pícaros, se trasformaba en un obstáculo para que pudiesen continuar su camino hacia el Puerto de Bonanza, quedando en ella compuestos y sin novios, allá que estaban los pícaros dispuestos a nadar hacia los barcos y hacerse del preciado botín. Claro que como el ayuntamiento lo sabía, de inmediato mandaban a los clérigos que pusiesen a tocar sus campanas, con el sofoco con el que llamaban las sufridas madres a sus retoños que, a la caída de la tarde, aún estaban jugando en el Huertecillo. Los pícaros, que no habían perdido el tiempo, enterraban el botín en algún lugar de la playa. Lo que no sabían era que había pícaros de primera, los que iban a los barcos; y pícaros de segunda, los “buscadores” de los lugares donde se encontraba el botín. ¿Qué Sanlúcar más espléndida para la picardía!

 

¿Qué quiere que le diga? Esto está en los genes de la singular Sanlúcar, convertida con total impunidad en el nido del hachís. Por eso ahora, cuando el Quinto Centenario de la Primera Vuelta al Mundo va asomando en el horizonte, y al Puerto de Bonanza ha llegado, para satisfacción y fantasía de propios y extraños, una réplica de la Nao Victoria, con su zodiac y todo, los pícaros pusieron sus vacías mentes a cavilar y no se les ocurrió otra cosa que separar a la madre de la hija, y ¡zas! en el tiempo que un cura loco dice un amén, no sé con qué artilugios, fueron y robaron la zodiac. Y ahí está como loca la Policía Nacional a la caza y captura de los autores. Como éramos tan pocos, parió la abuela. ¡Manda huevos! Grito como los caballeros de Carlos II.


26/01/2016

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