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  LA HISTORIA, ¿NOVEDAD O REPETICIÓN?

 

 

 

La cultura clásica, elaborada por Platón (Atenas, 427-347 antes de Cristo), Aristóteles (384-322 antes de Cristo) y los estoicos (sobre 301 antes de Cristo), no es ni más ni menos que la versión occidental e intelectual de un tipo de espiritualidad ahistórica: el misticismo brahmánico y budista. Este misticismo es la versión contrapuesta, es decir, la versión oriental e irracional de la misma actitud general ante la vida. Pero dentro de estas posiciones hay algo en común, algo que le pertenece a ambas por igual. Y es que estas posiciones representan el esfuerzo por disociar lo considerado por elemento divino y eterno en la naturaleza humana de lo que pertenece al mundo de las cosas, a ese mundo que cambia constantemente en una especie de flujo y reflujo.

Pero estas concepciones varían a la hora de colocar estos elementos. Para las versiones místicas, que son sobre todo orientales, hay que buscar el elemento divino elevando la conciencia a un nivel que trascienda cada particularidad de la existencia finita. La versión racional coloca este elemento divino en la facultad de la razón, y más específicamente en la facultad conceptual del conocimiento. Esa facultad, cuando está limpia de corrupciones y basuras que provienen de las pasiones y las sensaciones, eleva al hombre al reino de lo intemporal. En este reino el hombre sólo está ligado al mundo que cambia por este conocimiento conceptual, que le permite distinguir las esencias y las formas que sostienen a dicho mundo.

En el pensamiento clásico, tanto oriental como occidental, el mundo temporal  se concibe bajo la forma de ciclos que se reproducen hasta el infinito. El mundo de la historia se asimila al reino de los ciclos de la naturaleza. Esta forma de espiritualidad tiene un carácter ahistórico, que viene dado precisamente por la identificación que hace entre el tiempo físico y el histórico. Para el pensamiento clásico la historia no es inteligible más que en cuanto participa del ciclo de la naturaleza, caracterizado por el nacimiento y la muerte. Esto no es ni más ni menos lo que se ha venido llamando “mito del eterno retorno”. En síntesis este mito consiste en considerar a la historia como un círculo, como una rueda que consta de hechos que se van repitiendo en un lapso más o menos prolongado de tiempo. En el metatiempo, cuando sólo existían los dioses, ocurrieron unos hechos,  y estos hechos se van repitiendo a lo largo de la historia. No existe una cosa que no haya existido ya anteriormente de alguna manera.

Estas explicaciones místicas y clásicas tienden a separar demasiado la libertad del hombre de su naturaleza de criatura, y a velar la significación de esta misma libertad confundiéndolas con las impulsiones físicas. Las formas de espiritualidad ahistórica acentúan el aspecto de la libertad humana, que se expresa en la facultad que el hombre tiene de elevarse en el tiempo por encima del tropel de los acontecimientos. Pero olvidan otros aspectos de la libertad, que hacen del hombre un ser capaz de crear un nuevo orden de realidad, el cual, aunque forma  parte del flujo temporal, no está enteramente sometido a la necesidad física, desde el momento en que los agentes humanos tienen el poder de cambiar el curso natural de las cosas. Este dominio se llama comúnmente historia, en la que el hombre tiene una doble posición, la crea y padece su curso.

 

La espiritualidad bíblico-cristiana supera las posturas del clasicismo griego y la espiritualidad oriental, al considerar que la doctrina de la reproducción cíclica destruye en el hombre la libertad creadora, libertad que debe desplegar en la incesante aparición de situaciones nuevas y vitales. Mirar el pasado como guía absoluto delante de esas nuevas circunstancias es utilizar sólo una de las  dos dimensiones de la realidad histórica, la dimensión de la necesidad. Incluso cuando este factor reaparece regularmente en la historia, lo hace en proporciones y circunstancias completamente nuevas y diferentes. La historia es una línea recta y es imposible volver atrás. Lo pasado pasó ya, excluyendo completamente toda posibilidad de un regreso.


25/10/2015

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