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  NO, NO ES ESO

 

 

 

No, la gente necesita otro trato. No el que a veces recibe. Cuanto más abajado socialmente, peor. No todo el mundo es capaz de decirle al buen señor que se marche por donde ha venido. Hay otra gente sencilla, humilde, que no es de más comer, pero que sufre el mal trato moral de señor de marras. Verás, para empezar, el tal señor parece ser bipolar. Que un día sopla un viento, risas a doquier, a destiempo eso sí, pero risas; que otro día sopla otro viento, entonces su carácter es huraño, endiabladamente antipático, y maltratador de aquel que se le acerque.

 

          Diría que no tiene la capacidad de ver, y ¿de frente?… ni de coñas… Lo suyo es hablar con cualquier persona andando, nada de pararse, la mirada en el suelo, la voz chillona, el gesto adusto, pues tener otras características no va con su dignidad. ¿Y cuando atiende sentado al público? Igual, la gente es para él público, número, fastidio que hay que superar, analfabetos que de nada saben. No levanta la vista de la mesa, habla sin mirar. Ni una sonrisa, ni un gesto acompañando a sus palabras, todo es monotonía y atonicidad. La gente se marcha dolorida, desatendida, desconcertada.

 

          Lo malo de esto es que sus colaborados más próximos son exactamente igual que él, lo imitan en todo, parecen clones de tal personalidad, contestan de la misma manera, mirando al suelo o contemplando a quien tienen de frente por encima del hombro. Es que tienen tanta sabiduría, tanto saber bien hacer, que todo el mundo es considerado como inferior.

 

          Cuando se entra en aquel lugar, se entra en el templo de Salomón, ¡cuánta sabiduría destilan! ¡Cuánto saber despreciador de cualquier otro saber! No suman, sino desprecian, porque lo saben todo, la sapiencia ha anidado en ellos como si no hubiese ningún otro lugar donde quedarse.

 

          Mientras tanto uno se desconcierta. Lee el evangelio y encuentra aquellas palabras del maestro: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas… conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí… y doy mi vida por mis ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que conducir y escucharán mi voz”.

 

 

          Anda, anda y anda, señor, vete a otros lares, que en estos buen daño estás haciendo. Que no te quieres enterar, que no, hombre, que no es eso.


23/09/2015

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