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  EL ENTORNO DEL "JOSÉ SABIO"


 

 

          Vete a saber si por el azar o no, es lo cierto que la mayoría de los colegios e institutos de Sanlúcar de Barrameda están enclavados en zonas  de la ciudad o de la antigua villa que fueron privilegiadas. Algunos incluso, cual es el caso del “José Sabio”, en zonas de trascendencia y significación dentro de la historia de Sanlúcar de Barrameda. Entro en la documentación de lo prefijado.

          El entorno del “José Sabio” es de aquellos que, en la historia de la primitiva villa, goza de mayor antigüedad. Desde los orígenes de la villa murada, tras la donación regia de “Solucar e sus tierras” a Guzmán el Bueno, cuatro caminos se abrían desde las cuatro puertas de la villa. Uno de ellos, que arrancaba de las proximidades de donde se encuentra en la actualidad el Castillo de Santiago, era el “Camino de Sevilla”, pues era el indicado para dirigirse a tan importante ciudad. Tal camino, abierto por el interior de un pobladísimo bosque de pinos y otros árboles, pasaba  por las proximidades de donde en al actualidad está asentado el “José Sabio”. Era por tanto la vía terrestre por la que accedían quienes de Sevilla venían o a Sevilla se dirigían. Lugar por el que, en multitud de ocasiones, entraron y salieron los duques de Medinasidonia, la gente de su Casa y Estados, así como quienes venían a ver a los duques o a comerciar en la villa, o simplemente a ver lo que en ella conseguían.

          Al ser tradición, de constatación inmemorial, la de colocar en los lugares más estratégicos de estos caminos, particularmente a las afueras ya de las villas y ciudades, humilladeros y ermitas con imágenes religiosas de devoción popular, ante las que los viajeros pedían la protección divina, en este camino se labró la ermita de Nuestra Señora de Barrameda. Esta ermita debería estar ubicado no muy lejos del lugar que hoy ocupa el “José Sabio”, dado que dicho lugar se encontraba en la parte superior de la Barranca que, desde La Jara, cruzaba y cruza las tierras de Solucar, dividiéndola en dos zonas, las de arriba y las de abajo. Esta Señora de Barrameda, como era tradición de la época, daría nombre al “Puerto de Barrameda” y al “Camino de Barrameda”, hasta pasar a formar parte del nombre de la villa: Sanlúcar de Barrameda.

Dado el poderío e importancia que de inmediato pasará a ocupar la villa de los Medinasidonia, se comienzan a instalar en ella comunidades pertenecientes a diversas órdenes religiosas, algunas de ellas en/o próximas a las armitas y humilladeros que la devoción popular había labrado, dado que tales centros de religiosidad popular comenzaron a ser focos constantes de manifestación religiosa, así como lugares a donde los fieles acudían en las más diversas circunstancias.

Está documentado que allá por 1270 existía ya en esta zona la mencionada ermita dedicada a Nuestra Señora de Barrameda. La existencia de esta ermita mariana fue anterior a la donación regia de estas tierras a Guzmán el Bueno, habiendo sido la mencionada ermita lugar de recogimiento y de defensa de la entrada del río por parte de los caballeros templarios. A más de esta ermita, está documentada igualmente la existencia, por estos lugares próximos a la mar, de otras, como la de Nuestra Señora de Bonanza y la de Nuestra Señora de Guía. A la fundación del convento de los frailes Jerónimos, la ermita quedó incluida dentro de las dependencias del nuevo monasterio.

                    Así describe el hecho el historiador de la orden jerónima Sigüenza (De las fundaciones de algunos conventos de los religiosos jerónimos de la Orden de Fray Lope de Olmedo en España”, parte III, capítulo 42):

 

“La más antigua de ellas (se refiere a las fundaciones de conventos jerónimos) es Santa María de Barrameda. Está asentada esta casa, junto a la ciudad de Sanlúcar, en un hermoso sitio, donde se ven la barra, entrar y salir los navíos, y mucha diferencia de velas y barcos; el aire es allí muy sano, y el suelo apacible y de mucho regalo. El principio fue una ermita que estaba allí de Nuestra Señora, con quien los marinos tenían y tienen mucha devoción. Los duques de Medina Sidonia edificaron la casa que aunque no eran patronos de la ermita, éralo un pariente suyo, y de su consentimiento lo hicieron. Dicen que el intento del duque fue que sirviese de recreación y enfermería a los religiosos de San Isidro. La renta es poca, las más son limosnas y los votos de los que el mar se encomiendan a la Virgen Santísima y las misas que se mandan decir”.

 

          El historiador local Don Juan Pedro Velázquez Gaztelu, que cita lo referido por el cronista jerónimo, monta en cólera ante la mera suposición o duda de que los jerónimos no hubiesen sido una fundación exclusiva de sus Señores, razón por la que el administrador de la Casa ducal pone en su sitio a quien fue el que potenció la fundación, Enrique I Pérez de Guzmán, V Señor de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda y II conde de Niebla (Sevilla, 1375-Gibraltar, 1436).

          El entorno, por tanto, del colegio “José Sabio” perteneció a los frailes jerónimos mientras estuvieron asentados en su monasterio de Santa María de Barrameda, siendo unos de los más importantes monasterios de su orden religiosa. Tras la invasión francesa, el monasterio quedó destruido. Los jerónimos no volvieron más a él. El tiempo fue poco a poco tirando a tierra los restos de tan importante monasterio, ante la pasividad de todos, cerniéndose sobre los viejos restos monásticos toda una galería de leyendas populares. Todo el entorno, constituido por un extenso bosque de pinares, fue durante mucho tiempo un salutífero pulmón para todos los sanluqueños, así como lugar de caza, de laboreo agrícola, de pastoreo, de recogida de madera y piñas, y de juegos infantiles.

          La zona –y perdone el amable lector por el dato, que la historia es la historia ... así que a tocar madera– estuvo igualmente relacionada con un frustrado cementerio. En la villa de Sanlúcar de Barrameda, y en la posterior ciudad, los enterramientos y cementerios estuvieron siempre en manos de la Iglesia. Fue ella la que rigió desde sus orígenes el cementerio de san Antón Abad, allá por donde el “Cantillo de los Guardas”, junto al camino de Rota. Sin embargo, el Ayuntamiento de la ciudad pensó en la conveniencia de construir un cementerio municipal, e incluso litigó con la Iglesia por este asunto. Fue en 1892 cuando se pretendió concretar el proyecto, pensándose en construirlo en Cuesta Blanca, en la carretera hacia Chipiona, pero el proyecto nunca se realizó. Habría que esperar a 1926 para que se retomase el tema, proyectándose entonces ubicarlo en las inmediaciones del antiguo monasterio jerónimo. Se realizó la obra, siendo entregada provisionalmente el 12 de octubre de 1931. Se proyectó al siguiente año terminarla de manera definitiva, pero tampoco se hizo nada, quedando las tapias, la capilla y las diversas dependencias sometidas al deterioro del tiempo, hasta irse viniendo abajo poco a poco. Por tanto, duerma tranquilo, mi asustadizo lector o lectora, que en esa tierra jamás se enterró a nadie, siendo todo lo demás que oír pudiera tan sólo recortes amarillentos de leyendas.

          En la década de los 70 del pasado siglo XX, cuando se van levantando barriadas y barriadas para paliar, de alguna manera, el endémico problema de la vivienda, se construyó al lado de allá de la carretera de Bonaza, con el patronazgo del Instituto Social de la Marina, una barriada destinada a la gente de la mar. Fue el momento en el que, conjuntamente, se hizo necesaria la construcción de un colegio. El Ayuntamiento, a través de la Comisión Municipal Permanente (sesiones de 23 de febrero de 1977 y 21 de abril del mismo año), cedió terrenos por la zona de San Jerónimo para que en ellos se construyesen un cuartel de la Guardia Civil y un Colegio.

          En sesión del Pleno del Ayuntamiento de 9 de diciembre de 1977 se vio un escrito del técnico de las obras que se estaban realizando en la parcela del denominado “cementerio nuevo”. En dicho escrito solicitaba que se modificase la configuración de la parcela ofrecida. El Pleno atendió tal solicitud, al estimarla suficientemente fundada, por ello se adoptó el acuerdo de modificar la parte dispositiva del anterior acuerdo corporativo. De esta manera nacería el Colegio “José Sabio” en uno de los entornos histórico-geográficos más bellos de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda.

 

 


28/08/2015

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