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  PERSONALIDAD EQUILIBRADA, JA JA

 

 

 

No sé si a usted le pasa lo que a mí. Me gusta escuchar y leer. ¿Es eso normal o estoy haciendo méritos para que me internen en una de esas clínicas que hoy llaman de “Salud Mental”, y que siempre fueron conocidas como “Manicomios”? Así, pura y llanamente. Y es que, a la hora de tapar verdades hondas y lirondas, nuestra moderna sociedad actúa de arte. En cuantito una palabra trae connotaciones de una realidad negativa, por muy verdadera que sea, ¡zas! se abre la caja de los eufemismos, se escoge una y bofetón sin remilgos en la boca del vicio de llamar a las cosas por su nombre. Es algo así como cuando, por azar, siempre por azar, se descubren unos restos arqueológicos a la hora de iniciar unas obras en cualquier calle de cualquier sitio, o sea en una calle cualquiera, por si las moscas, viene súbita la hormigonera y a cubrir cubriendo, que la pela es la pela y la cultura y el respeto al patrimonio quedaron guardados en las Cuevas de Altamira.

 

          Pero, mire usted, es que ¡me deprimo tanto! Sí, ya sé que a usted no le importa. Lo decía por si a usted le pasaba lo mismo, porque males compartidos dicen que son mejor digeridos. Bueno, a lo mío. Mi trauma está en que la sociedad actual me presenta al mismo tiempo un cuadro blanco y otro negro, así como una melodía de silencio y otra de ruido. Y yo no sé a dónde mirar o qué escuchar. Que si la crisis está terminando; que si hay menos parados; que si la escuela y la sanidad mejoran a pasos agigantados; que si el mangoneo de los corruptos es una mera anécdota sin importancia  de ningún tipo; que si cada partido político es más limpio y puro que María Goretti; que si muchos políticos tienen una miopía complicada con unas cataratas más hermosas que las del Niágara, lo que les hace sufrir a los pobrecitos del mal de ver siempre el ídem en el de enfrente, nunca en sí mismo.

 

          Claro está que endiscué, cuando un servidor deja la lectura o las cositas de los Medios de Comunicación Social y aterriza en la calle, ¡Santo Dios! El cuento de “Caperucita Roja” se me transforma, con una catarsis indigerible, en ese otro de “Alí Babá y los taitantos embusteros, mendaces, mentirosos, come cocos, tramposos, trapisondistas y qué sé yo cuantas cosas más".

 

 

          Y la neurosis me ataca. Me empieza por abajo, casi a la altura del suelo… y me sube… me sube… me sube. Me busco un aliviadero. Cojo un libro y me voy a Las Algaidas. Casi me quedo sin coche. ¡Cuántos baches, agujeros, polverío! Pero aún así el verde es verde, el aire es puro, no se escucha otra cosa que el jugueteo rítmico de los pajarillos. Paseo. Escucho el silencio. Se me abren los pulmones como yo abro el libro. ¡Vaya, vaya! Erich Fromm me asalta. Se refiere en una de sus páginas a la “neurosis del hombre moderno”. Vaya por Dios. Lo que faltaba. Estoy por cerrar el libro y dedicarme a contar mosquitos. Pero no. Esta palabra me suena: neurosis. Me adentro en sus pensamientos. Primer puntazo: “La neurosis del hombre de hoy no es otra cosa que el distanciamiento entre el individuo y las estructuras sociales”. ¡Toma del frasco, Carrasco! O sea, que lo que pasa pasa porque al mandoneo le importa tres pepinos de La Algaida la persona y sus problemas. Segundo puntazo más agudo que el picotazo de un mosquito pequeño, pero con una mala leche que, como lo coja, lo convierto en una letra del libro carcamonizada: “Tener o ser”, esa es la cuestión. Esto equilibra la cuestión. Pasa lo que pasa por culpa de los mangantes, pero también de los mangados, infestados de una borrachera de tener y cegatos para intentar ser. El análisis de Erich me amansa, me relaja y sus palabras me conducen a la utopía: Es posible el equilibrio dentro de la caótica situación reinante. Es posible apagar la violencia como lo es fracturar la soledad y la falta de solidaridad. Me saca de mi crisis de ansiedad utópica unas motos que generan más ruido que las botellonas de los nini. Pasan. Las veo ir con su cola de polvo mortecino. En mi retina galopan unas letras textuales de Erich Fromm: “Por primera vez en la historia la supervivencia física de la humanidad depende de un cambio radical del corazón”. ¡Arreglados estamos míster Erich!.


28/05/2015

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