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  EL PLUMERO MÁGICO

 

 

 

Tiempo atrás, y no cometería la insensatez de afirmar que no en la actualidad, a la señora condesa se la distraía intencionadamente, bien para que pudiera mantenerse en la inopia generada por una vida sin sentido, o por la astucia de un esposo distraído con otras mujeres más jóvenes y generosas. La señora condesa, antes de dormir, tomaba sus somníferos, se embadurnaba la cara de bastantes gramos de las más sofisticadas cremas, se colocaba los rulos y toda clase de potingues. Dormía así la señora condesa hasta altas horas de la mañana. A su despertar, la sirvienta, tras aligerarla de tantos cachivaches nocturnos, le servía en bandeja el desayuno y le acercaba a la cama las revistas “más prestigiosas” con la más rabiosa actualidad de la alta sociedad. Así, la señora estaba realmente drogada con aquella estrategia de distracción.Lo exterior ni lo conocía ni le importaba.

         En la actualidad parece que otro tanto pretenden algunos de los medios de comunicación social. Predeterminadamente ofrecen a sus aburguesados consumidores aquellos elementos que pueden ocuparle, así como distraerle de los problemas verdaderamente importantes. Afortunadamente, el objetivo no es cumplido en su plenitud, pero la intención resulta evidente. En el franquismo se boicoteaba, no diría que sutilmente, las programadas protestas contra el régimen, o cualquier tipo de reivindicación, con la estrategia de la distracción de las masas. Que llegaba el 1 de mayo, pues vengan corridas de toros, partidos de fútbol, películas “picantonas”, y alguna actuación de alguna descocada tonadillera que se atrevía a insinuar algo más de lo que le permitía la censura.

         Cambiaron los tiempos, pero no la estrategia al servicio del verdadero poder mundial, el económico. Nada mejor para distraer a la ciudadanía alegre y confiada que la dosis diaria del opio del ocultamiento de los problemas reales, y el giro del punto de mira hacia lo escabroso, lo borde, lo escandaloso, lo sangriento, lo corrupto. Esta dosis pudiere tener elementos reales pero, en otras ocasiones, estos elementos se inventan, se magnifican, se manipulan, se trastornan. Para ello está el plumero mágico y sus adiestrados y siniestros maquinadores.

En estos medios de comunicación, lo insignificante se transforma en trascendental; lo grotesco, en moda; la mentira, en verdad absolutizada: la anécdota en axioma. Se vende que lo importante es la cantidad, para lo que las encuestas y sondeos se manipulan y retuercen. La calidad importa un pito. Lo que priva es el grupo, el partido, la colectividad, no el individuo, la persona.

         Esta estrategia, sutilmente programada, tiene un claro objetivo: castrar a los seres humanos de su capacidad de entender, reflexionar, analizar, comparar, discernir, trascender, decidir y actuar. La persona no es persona, es tan sólo un número, un voto. Es más manejable estando distraída que comprometida. Por eso, cuanto más se le prive de enseñanza, de educación, de cultura, mejor que mejor. Para ello, resulta primordial ocultar la verdadera historia de la humanidad, distorsionarla y vulgarizarla. Una sociedad de animales es más gobernable que una sociedad de personas. Estas pierden su entidad de personas, transformándose en bultos de carne consumidores, cuando se atrofia la capacidad de pensar.

         La guinda del pastel de los despropósitos se coloca cuando en este cuadro se inyecta, además, unas dosis de violencia, de una violencia sin saber realmente por qué y para qué; la violencia por la violencia, la violencia por “sentirse”, no por “serse”. La violencia contra los otros, los distintos, los opositores, o los disidentes de esta sarta de fraudes y mentiras. En este batiburrillo social resulta previsible que se hagan realidad las palabras de Gandhi: La violencia es miedo de las ideas de los demás y poca fe en las propias. Yo agregaría que la violencia es simplemente carencia de ideas en el cerebro y vuelta a la hierática selva del homo homini lupus.

 


19/04/2013

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