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  SINIESTRAS EPIDEMIAS

 

 

La cosa viene de largo, pero que de muy largo. Corrupción y poder han ido siempre tan de la mano como mangueo y políticos corruptos. Es una constante en la historia de este país de nuestras luces y sombras, de nuestros quereres y de nuestros llantos. Parece como que, al acceder a un alto, o menos alto, puesto en el gobierno, gobiernillo o gobiernete de alguna parcela del común, ungen las manos del poder-recepcionista con un pegamento que ríase usted de los besos atornillados de los amores de principiantes. Y es que se les pega todo, todito, todo, de lo que huela a billete, ya sea en la Cataluña de don Arturo, o en la Valencia del señor Correa, o en la Galicia del señor Crespo, o en la Andalucía de Llaves-Griñán, o en cualquiera de las diecisiete taifas en la que se parcela la tarta nacional del reino.

        

         Insisto. Que esto no es nuevo. Que fue práctica común siempre en las verdes praderas de las laderas del poder. Hay algo, no obstante, que sí me resulta novedoso y que, a mi entender, entraña un grave peligro para la salud social. Por una parte, que muchos mangueos se quedan indolentemente acurrucados en el sueño de los justos. Quedan como “presuntos” demasiados asuntos más probados que la incompetencia de muchos para los cargos que ostentan. ¿Cómo está montado el ruedo nacional para que muchos y muchas, tras los correspondientes manguetazos y manguetazas, se vayan de rositas a disfrutar de ellos con suculentas pensiones vitalicias incluidas? Parodiando al gran Rafael Alberti: ¿Qué juzgan, qué juzgan los jueces-poetas de hoy en esta España decadente y decaída?

 

         Ítem más. El vulgo, el pueblo o las clases populares de antes se enteraban de la mitad de la mitad de estos asuntos por aquello de que o ni sabían leer, o ni había medios de comunicación al alcance del oído o de la vista. O tal vez porque el dictador de turno, que de todo ha habido, “tamizaba”, depuraba, pulía, adecentaba o, en una palabra más castiza, manipulaba la información. Hoy no. Los asuntos de la incontenible ola de corrupción son públicos y publicados. Y da la sensación, muy peligrosa para la salud mental y social, de que el pueblo ha caminado y sigue andando con aquello de “a mí, plin”. Pero, claro, tanto va el cántaro a la fuente que, más pronto o más tarde, ¡zas!, cantarazo en el suelo… y fin del agüita clara de Las Piletas.

 

         Y yo me pregunto. ¿Ha tenido que caer sobre la sociedad alegre y confiada la siniestra epidemia de la crisis económica para que se descubriese que la manzana nacional está podrida como los huesos de Colón? Porque la naturaleza genera para que todos subsistan, pero…claro, si un listillo descuidero se lleva por la geta lo que correspondería a muchos miles de descuidados ciudadanos de los de tele y sofá, a estos, más pronto o más tarde, le vacían el frigorífico, le dejan la hipoteca del piso con el culo al aire, le ahogan el oxígeno de las facturas de la luz y del gas y del teléfono y de la gasolina para el coche, y lo abandonan sin posibles para cubrir los gastos del colegio de los niños… y no sé cuántas cosas más.

 

         ¿Sabe qué? Desde la orilla de Bajo de Guía me parece escuchar las carcajadas de Plinio “El Joven”, tan extraordinario jurista y político como utópico, cuando escribió aquello: “Desde antiguo estaba establecido que aprendiéramos de las personas mayores no sólo de oído sino también a la vista lo que luego tendríamos que hacer nosotros mismos y, siguiendo la cadena, transmitir a nuestros descendientes… Luego, con intención de hacer carrera política asistían a la puerta de la Curia y eran espectadores, antes que participantes, de las decisiones públicas”. Pues sí que vamos aviados. Mejor… apaga y vámonos.


29/11/2012

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