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  CON LOS JERARCAS HEMOS TOPADO, ABUELA DOLORCITA

Algunos prelados catalanes, tan prudentes ellos en otros asuntos de actualidad, parecen haber iniciado una campaña, con un cuentagotas desolador, en pro de los principios independentistas no de Cataluña, sino de algunos políticos catalanes.

        

         Primero apareció en la prensa las palabras del joven obispo de Solsona, señor Novell. Para él, resultaba evidente que si Cataluña lograba la separación del reino de España, la Santa Sede se tendría que plantear una Conferencia Episcopal Catalana. ¡¡De puro arte!! ¿Quién es este joven obispo para hacer de portavoz de la Santa Sede? “Se tendría que” = perífrasis obligativa. Esta perífrasis, señor Novell, significa en puridad semántica en castellano obligación imperiosa para la Santa Sede de seguir la opinión de una parte de España. ¿No parece que está empujando deícticamente con su dedo episcopal la balanza “política” catalana en pro de los independentistas? Claro está que si algún cristiano o sacerdote defiende otros planteamientos, tan “políticos” como los suyos, aunque de distinto signo, sería reprobado por su episcopal magisterio.

 

         Claro que, a pesar de su juventud, maneja usted con suma habilidad, dicho sea con el debido respeto, el arte de dar una de cal y otra de arena. Dicho lo dicho, agrega que la “Iglesia no tiene que posicionarse políticamente y que el obispo tiene que serlo de todos… ya que su misión no es organizar políticamente la sociedad, sino acompañar a la gente a encontrar un sentido en la vida”. Veamos, señor obispo, y perdone mi atrevimiento. ¿Cristo no se posicionó políticamente en su época? ¿No es posicionarse políticamente defender a los trabajadores en paro, a los jóvenes desnortados que ven el futuro yermo, a los empresarios que tienen que cerrar sus empresas, a las familias desintegradas, a las escuelas politizadas y manipuladas, a las personas divorciadas a las que se pretende arrinconar y cerrarles puertas por doquier, a los padres que quieren una enseñanza libre? ¿No sería posicionarse políticamente denunciar aquellas medidas políticas que atentan contra los más débiles de la sociedad, la corrupción política y financiera, las constantes mentiras emanadas del mundo del poder… y cuántas cosas más? ¿Sabría usted, sin camelos farisaicos, cómo se ayuda a la gente a encontrar un “sentido en la vida”, cuando carecen de lo imprescindible, no tienen para comer, los echan de sus casas, se las expropian, no pueden pagar la hipoteca, ni la factura de la luz, ni la de agua, no se les cubre la mínima asistencia médica, se desprecia a los “distintos”, se margina a quienes no tienen sangre catalana, ni hablan, ni desean hablar su lengua?

 

         Sí, ya lo sé, abuela Dolorcita, leerán en sus catedrales las palabras de Cristo: “Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones los gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen”. Lo que no sé hacia dónde dirigirán estos prelados su cántaro de magisterio episcopal. No me extrañaría que se refiriesen a los políticos, poderosos y magnates no catalanes, porque en su tierra nada de esto existe o, al parecer, mejor no verlo. Que no, monseñor, que no, que son tiempos de promover unión, no desunión.

 

         Subamos un grado más. Ahora ha abierto el arca de las palabras magníficas –Ay, don Ramón María del Valle e Inclán, cuánto disfrutarías en esta época ante tanta gente magnífica; más leña para el esperpento– el arzobispo de Tarragona: “Corresponde a la ciudadanía pronunciarse”. Y tanto. Pero, oiga, a TODA  la ciudadanía. ¿O es que cree usted que tan sólo sois ciudadanos los catalanes? ¿Y el resto de los ciudadanos de otras tierras de esta nación democrática no tiene nada que decir? Supongamos, aunque es mucho suponer, que usted tiene un piso y yo otro en el mismo bloque… ¿y qué pasa… se va a hacer en el bloque lo que usted decida, o habrá que tener en cuenta lo que decidan todos los propietarios? ¿O es que usted va a tener más derechos porque vive en el ático, y yo menos porque vivo en el bajo?

 

         Por otra parte, monseñor, en una Democracia la ciudadanía donde se pronuncia es en las urnas y a las autoridades emanadas de estas elecciones son a las que les corresponde cumplir y hacer cumplir la Constitución. ¿Es usted consciente de las consecuencias de su frasecita de marras: “Nos hallamos ante una cuestión opinable, y una cuestión opinable no debe erigirse en un imperativo moral? Será opinable para usted. A muchos nos parece un verdadero disparate que en un litigio entre dos, sea uno el que ordene y mande, y otros, implicados en el mismo asunto, hayan de acatar lo decidido por una “minoría”. No sé si está usted acostumbrado a este estilo de gobierno.

 

         Ahora se da cuenta, por otra parte, el auxiliar de Barcelona, señor Taltavull, que la Iglesia ha de estar junto al pueblo. Mire, déjese de bromas, monseñor. Usted está haciendo política partidista y halagadora para un sector catalanista. ¿La Iglesia “debe estar junto al pueblo” sólo si Cataluña llega a la resolución de la independencia, desde la Democracia y desde el deseo de paz? ¿De qué Democracia habla usted y de que paz? No nos vale un guante negro en una mano y otro blanco en la otra, para enseñar en cada momento el que interese según dónde y con quién. El pueblo español, señores obispos, está cansado de palabras, faltan hechos, gestos y signos. No basta con que os alineéis con el poder, de manera nítida, y, luego, queráis sacar el otro guante con palabras que no nos las creemos, porque no van acompañadas de los hechos. Que si todas las opciones políticas son legítimas moralmente –faltaba más– siempre que se base en el respeto a las personas y a los pueblos. Sí, pero a todas las personas y a todos los pueblos. ¿De verdad rechazáis, tufillo hay para creerlo, que no os cae nada bien a los mitrados catalanes lo que ha dicho la C.E.E acerca de su preocupación ante propuestas políticas encaminadas a la “desintegración unilateral” de esta tierra vieja y noble? Señores obispos catalanes, la paciencia de la que habláis no la veo en vuestras palabras, y desde luego la historia juzgará, en su momento, la aportación que, en situaciones de honda crisis económica y social sufrida por el pueblo español en su generalidad, estáis haciendo a la paz y a la concordia entre todos. Da la sensación de que vuestra opción es clara: preferible es ser cabeza de ratón que cola de león.

 


20/11/2012

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