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  ¿TAN TERAO?

 

Se habla en Lingüística General de la importancia de la “economía lingüística”, comunicar más y mejor con los menos elementos posibles. En esto el andaluz es de pura arte, de puro duende, de pura magia. ¿Se ha dado usted cuenta de la riqueza del “¿tan terao? tan frecuente”? Esta expresión nunca va sola. No tiene nada que ver con el ¿se ha enterado usted? de Despeñaperros para arriba. Y es que el "¿se ha enterado usted” es como que cuesta trabajo decirlo. Es como correr con zapatos de puntillas o intentar besar a una señora con pamela en las bodas de tronío de las de mediodía. Que no, que no, que donde se pone un ¿tan terao? no cabe na… y punto. 

         El ¿tan terao? tiene sincronía y diacronía y va acompañado de signos, gestos y otros elementos comunicadores. Diría que el ¿tan terao? es el mejor termómetro para hacer un estudio sociológico del genterío. Diacrónicamente ha evolucionado. Hace unas décadas el ¿tan terao? era como un susurro, lleno de intimidad y picardía, cual el de los de los novios pelando la pava en los huecos de la escalera o en el cierro, ante la vigilancia preventiva de la hermana chica de la novia o de la mismísima abuela, que para todo había. Aquel ¿tan terao? era monotemático. La persona que lo escuchaba se recogía, se adentraba en sí como para entrar en trance místico. Después, preparado el ánimo, el emisor o emisora (¡qué moderno yo!) proyectaba sobre el receptor o receptora el mensaje o mensaja: “¡A Fulanita la dejao er novio preñá!”. La reacción era inmediata: “¡¡Pobrecita!!”. Mire qué gracioso. ¡Y aquí quedaba fuera el pobrecito! Porque la sandía en ramas la tendrían que compartir entre los dos, bueno eso digo yo. Luego venía el pormenorizado análisis de los detalles: dónde, cómo, cuándo, de cuánto tiempo… acompañados de un huyhuy interminable. 

         Peor era en aquellas décadas cuando, después del ¿tan terao?, venía la temible revelación: “A Zutanita lan dejao preñá”. Aquello era peor. No se decía quién era el preñador. Resultaba un golpe bajo en las partes bajas. Pero la morbosidad subía como la leche al hervir. “No… si ya lo decía yo, se respondía desde la ladera receptiva, si esa, desde que le comenzaron a salir los pechos,  no era mu honrá… ademá se vorvía loca por unoh pantalone… vete a sabé quién habrá sido él… Oye, ¿y de quién se habla?”. 

         Pasado el tiempo, cambió el contenido del ¿tan terao? Ahora había que esconderse más que alguien del vecindario cuando veía venir al ditero. Ya aquello del sexo importaba menos. Ahora el ¿tan terao? venía seguido de “a fulanito lo han metío en la cárcel… es un rojo peligrosísimo”; “cuando la Fulanita esa lleva tanto tiempo sirviendo en esa mansión, algo hay entre ella y el señor… yo no digo na, pero yo man terao”… y esa gachí que está a toas horas confesándose… yo no digo na… pero te lo puedes imaginar… 

         ¡Ay el tiempo pasado! De la diacronía a la sincronía. El ¿tan terao? de hoy ha cambiado radicalmente. Antes se hacía a escondidas. Hoy, hoy, en plena televisión. Ya en la telebasura no se habla del ¿tan terao?, sino que se afirma, sea verdad o no, lo que antes quedaba en los rincones de la intrahistoria, aunque de boca en boca se enterrase todo el mundo. Que si Fulana es puta (así de redondo), que si Mengano es gay, que si el otro ha robado, que si aquel está liado con aquella o con aquel otro. Para el ¿tan terao? ya no hay que salir de casa. Se enchufa la televisión y punto. ¡Qué falta de creatividad! 

         La gente, no obstante, sigue apegada, aunque con más descaro que antes, al ¿tan terao? de toda la vida. Este ha perdido fuerza porque ya no se pregunta, sino que se afirma. No se libra nadie. Del palacio real y de la santa sede abajo, ninguno. Pero cuando se ve reminiscencia del viejo ¿tan terao? es una gozada, porque ahora se acompaña de altavoz y otros gestos. El pudor del ¿tan terao? se ha perdido. Vas por una calle llena de gente y de una acera a la otra y, con voz que ni la de la Caballé, se escucha: “Illo, ¿tan terao de lo del rey?... Hay que ver lo que le están haciendo a la Belén Esteban ¡Qué malos hay que ser!... A Menganito lan metio en la cárcel por camello… Estos ¿tan terao?, perdida la fuerza de la intimidad de las palabras, perdidas aquellas miradas pícaras y cómplices de antaño, perdidas aquellas promesas de que de esto no se enterara nadie (aunque luego se enterasen sólo dos, quien lo había prometido y el pueblo entero), se adornan con una alzada de una mano, o de las dos según el caso, hasta la altura de la cabeza, para después caer precipitadamente sobre los muslos, en los que se largan dos sonoros golpes, acompañados de un ¡huyhuyhuy!, o de un ¡no me digas!, o de un ¡a mí me lo vas a decir tú?... A mí. 

         Claro está que, desconozco si es por catártica maldad, o por si el personal está ya hastiado y jartito, se viene imponiendo un ¿tan terao? que me pone los vellos de punta y que me hace cambiar de acera cuando veo a un protagonista o a una protagonista de los modernos ¿tan terao?: “Za muerto Fulanito”… “A Menganita la zalío una cosa mala”… Zajorcao Zutanito”… “Huy qué mar coló ze téstá poniendo… ¿Tú ta dao cuenta?... Lo mejó es que vaya al médico, porque Fulano no echó cuenta… man trao un doló que me zube parriba parriba, me recorre to er cuerpo y me ze pone en la nunca, que no lo puedo aguantá y… Señora que no, que me gustaban más los ¿tan terao? de antes. ¡Váyase al cuerno y que la escuchen mil diablos!


20/08/2012

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