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  ¡NO ES ESTO, NO ES ESTO!

En este país se ha probado todo. No ha quedado un sistema de gobierno sin experimentar por las cabezas-pensantes de turno. Que si régimen feudal, que si tierras de señorío, que si tierras de realengo, que si fragmentación de reinos por doquier, que si dinastía de los Austria, que si dinastía de los Borbones, que si absolutismo, que si monarquías parlamentarias, que si monarquías constitucionales, que si gobierno de los espadones, que si repúblicas, que si cantonalismo, que si turnismo, o “tunantismo”, de conservadores y liberales, que si dictaduras (la blanda y la dura), que si democracias en manos de la derecha, del centro y de la izquierda. Y siempre… lo de siempre, dos planos sociales, el de los “mal supervivientes” y el de los “vividores”. En estos últimos no importa el color, y aún menos las ideologías que, en un ataque de histeria irrefrenable, hemos de asirnos a la acordanza de que estas pasaron a mejor vida, por más que se nos pretenda seguir vendiendo restos del camelo. Los segundos  siempre vivieron de los primeros, si bien vendían, cada vez más torpemente, que se ocupaban, en cuerpo y alma, del desarrollo y progreso de los primeros. ¡Habráse visto caras de cemento armado!

 

Y de tantas tormentas surgieron estos lodos. No sé a usted, pero a mí cada vez me gusta menos cómo ladra esta perrita. Lo que más me quita el sueño es contemplar cómo la ciudadanía ya no puede más y está bien harta de estar harta de mentiras, privaciones, corrupciones, ladrones confesos o no que se van de rositas, pero, eso sí, sin devolver lo que en su día robaron. La ciudadanía está harta de impuestos hasta por respirar; de paro más o menos camuflado por los unos y por los otros; de calles y ciudades comiditas por la mierda; de golfos, golfetes, golfetillos y golfetazos, hechos dueños y señores de las calles y de las plazas con patente de lesa impunidad.

 

Y mi abuela Dolorcita me pregunta constantemente: “Picha, qué coño ehtá pazando en ehte mundo? Claro que no es sólo mi abuela Dolorcita la que se lo pregunta. Y yo me respondo con palabras de Confucio: “Quien volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo, puede considerarse un maestro”. Por eso hay tan pocos maestros. ¡¡Que no sirve el camino viejo, recoño, pues habrá que introducirse por el radicalmente nuevo!! Me explico. La tan cacareada crisis no es sólo económica, ni laboral, ni ideológica, ni de valores, ni religiosa. Ni hablar de la peluca, Piluca. La crisis es consecuencia de algo mucho más profundo y mejor programado de lo que nos podamos creer. No se trata de ensayar métodos nuevos manteniendo las estructuras de siempre. Se trata de acabar, pacíficamente por supuesto, con estas para que emerja una estructura social esencialmente nueva.

 

Todos los regímenes políticos han tenido, a veces “de iure” y a veces “de facto”, idéntica estructura, una estructura piramidal. Arriba el poder, fuese el que fuese, que suele dormir muy a gusto en la misma cama del capital. Debajo, los sufridores, aquellos que, siendo explotados, sufren y mantienen a los que se encuentran en la punta del iceberg piramidal. ¡Que no, que la estructura piramidal no sirve, es caduca, explotadora y cuna de maleantes, arribistas y explotadores! La sociedad  tiene que transformar la estructura piramidal en otra radicalmente circular. Claro que no, abuela Dolorcita, cómo van a hacer esta transformación los que están arriba.

 

 Esta sería la verdadera democracia, aún por otearse virgen en el horizonte de la historia. No vale el verticalismo, sino la horizontalidad. ¡Cómo nos han engañado con el camelo de la igualdad! Migajillas que caen a los pobres carentes de medios de subsistencia y de libertad, para adormecerlos en sus ansias de realización. ¡No es esto, no es esto! Hasta el mismo diccionario de la L.E establece los puntales de la igualdad. Se trata de una conformidad (una misma configuración, un mismo ser, un mismo estar, un mismo poseer), es decir simetría y debida proporción entre las diversas partes de un todo social. Esta conformidad lo ha de ser en naturaleza (esencia o ser), forma (existencia o estar), cantidad (derecho a la igualdad posesoria) y calidad (derecho a tener de facto los mismos derechos).

 

¿Por qué una minoría lo tiene todo, mientras que una mayoría carece de todo o de casi todo? ¿Por qué existió siempre la radical diferencia entre pobres y ricos? Si existen ricos es porque existen pobres; y, si estos lo son, es porque aquellos se encargaron, en beneficio propio, de que estos lo fuesen.

 

El rumbo peligrosísimo que lleva la sociedad hace que tengan plena vigencia las palabras del maestro Ortega y Gasset, quien, si bien fue partidario y alentador de la llegada de la República ante el cansancio que sufría el pueblo por la inacción del régimen monárquico de la época, visto que se volvía nuevamente, aunque con nuevos inquilinos en lo alto del iceberg social, a la organización piramidal de la sociedad, envenenada, para más inri, de odios y enfrentamientos, escribió en un artículo sólo cinco meses después de la llegada de la República aquellas proféticas palabras: “¡No es esto, no es esto! “La República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo”.


05/08/2012

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