Mis comentarios ...

  QUE NO PUEDE SER

Ya lo dijo Rafael “El Gallo”: “Lo que no puede ser, no puede ser. Y además es imposible”. ¿Cabe una sentencia más cabal que la del “Divino Calvo”?. La reiteración le sonaría a poco al torero gitano, porque las cosas o son o no son; y cuando no son, ¿qué quiere que le diga? Pues, como que no son. Pero lo del “además” es de arte del grande, como los duendes negros que salían de la garganta de Manuel Torres. Lo del “además es imposible” resuena a ese rejón que se clava de sopetón… y se acabó lo que se daba.

 

         Pero nuestros políticos, y buena parte de la sociedad, por manipulada o por aquello de la “distraición”, como dijo aquel, como que no se quieren enterar, ¡¡Ye, ye!! Ya salió este. Que no, que no se quieren enterar. Para que la barca funcione ha de tener todas sus partes adecuadas y en el sitio correspondiente. Importante es el motor y el timón, como importantes son todos sus demás componentes. Con que alguno falle, el funcionamiento de la barca entra en “crisis”. ¡Cuánto camelo detrás de la palabrita de marras! Los potentados crean la crisis para hacer con el mundo lo que les salga de sus entendederas. Aquí quito a un presidente, allí efectúo experimentos con personas como si de animales se tratase, allá potencio una crisis económica demoledora y acullá hago emerger una imparable crisis de gobierno. Actúan como si de dioses se tratase, cuando no sólo tienen de barro los pies, sino hasta el mismísimo corazón. Mala gente que camina… y va apestando la tierra… sí, don Antonio. ¡Qué intuición!

 

         Algo resulta evidente; quien maneja nuestra barca nos lleva a la deriva. Estos y aquellos. A mí realmente, no obstante, lo que me duele es que una larga y agotadora lucha del pueblo, el único soberano, y de los más ilustres hijos de este pueblo, de sus clases populares, se dejasen el pellejo, y muchas otras cosas más, en una lucha de largo alcance por la consecución para todos de la libertad y del bien común, y otros malévolos especímenes hayan llevado a este pueblo a la ruina, al desamparo, a la miseria, al paro y al hambre; y a no pocos, al hastío.

        

         ¿Para qué el enfrentamiento a la dictadura? ¿Para qué aquellos años de cárcel? ¿Para qué la persecución? ¿Para qué aquellas palizas en las comisarías franquistas? ¿Para qué tantas homilías perseguidas, condenadas, prohibidas y multadas? ¿Para qué aquella cadena de solidaridad, incluso económica, con los más luchadores en la vanguardia? ¿Para qué…? ¿Para qué…?

 

         Para que llegasen otros señoritos con la boca llena de promesas falsas, para que hiciesen el paripé de que estaban construyendo la sociedad del bienestar y del progreso. ¿Qué bienestar? Evidentemente el de una panda de aprovechados corruptos que, bastardeando una institución tan noble como es el ejercicio del servicio en el poder, se han servido y se sirven de él, han vivido y viven opíparamente en él y han esquilmado cuánto era logro del pueblo y para el pueblo. ¿Qué progreso? Camelo de la camelilandia. El progreso, que cacarean unos y otros, pretendidamente ha tenido como objetivo falaz el “bienestar y enriquecimiento” de la nación, de la institución estatal, pero no el de cada uno de sus componentes. No vale el bien del todo, si este no es la suma de los bienes de cada una de sus partes. Siempre es más engañoso, aunque se rodee de mil mentiras y de palabras omnibus, referirse a abstracciones que a personas concretas. ¿Con qué malévolas intenciones se sustituyó una expresión tan cargada de humanismo como la del “bien común” por la del “progreso”?. De progreso estamos hasta… eso. ¿Qué hay detrás de la filosofía tramposa de sustituir palabra tan rica como “persona” por la de “individuo”?

 

         Con la astucia que arranca de la maldad programada, toda esta estrategia ha sido exitosa por la ignorancia, la dejadez y la comodidad de las clases populares, a las que una vez más se les da dado “pan y circo”, se les ha endulzado el pan y el circo, se les ha carnalizado y vulgarizado, se les ha privado de espíritu crítico, se les ha embrutecido, se les ha enfrentado en una lucha estúpida de unos contra otros, de una España contra otra España, se les ha dividido y se les ha enfrentado entre sí. Y, mientras, se producía impunemente el esquilmamiento.

 

         Es hora de que la “ciudad alegre y confiada” despierte del letargo. Es hora de que las auténticas clases populares, el pueblo, tomen el protagonismo y la soberanía que les corresponden. Mantenerse en el pan y en el circo ya no es posible, porque el pan escasea y no hay ánimo ya para circo. Es tiempo aún de cercenar los peligros amenazadores. Aún hay sitio para la libertad. Aún puede reinar la verdad. Es tiempo de desprenderse de la filosofía del “mimismo”, de la resignación, de la aceptación de los hechos consumados. En la buena gente comprometida y libre de corazón y de verdad comienza a emerger la aspiración de participar y actuar por el bien común desde lo más genuino y noble de la democracia, que no es la governanza de unos cuantos vivillos, sino la del pueblo que huele a sudor y lágrimas, que sabe de movilizarse por sí mismo sin necesidad de ningún “salvador” que termina poniéndole el pie en el cuello. Esta es la esperanza del mundo. Esta es la única salida de la crisis actual, que no es sólo económica, sino por encima de todo lo es de ética y de vergüenza torera. De no ser así, qué quiere que le diga, habremos de darle la razón al toreo de la magia: “Lo que no puede ser no puede ser. Y además es imposible”.


13/06/2012

Desde el 1 hasta el 1 de un total de 1
1