Mis comentarios ...

  LA ASIGNATURA IMPRESCINDIBLE

Necesarias son las leyes que regulen la Educación en nuestro país, pero más importante es que estas estén bien elaboradas y dotadas de carencia de “ocultas intenciones políticas”, que a la postre están llamadas al fracaso. En los últimos veinticinco años, tras la Ley de Villar Palasí, ha habido seis leyes orgánicas sobre la Educación. Resultado de la mayoría, fracasos y frustraciones, de manera que el denominador común ha sido el denominado “fracaso escolar”, hasta el extremo de colocarse nuestro país en uno de los que tiene una mayor tasa de dicho fracaso. Si toda ley tiene vocación de eficacia, podemos deducir que tales leyes no han sido efectivas. Los resultados están siendo altamente peligrosos para nuestra sociedad, como quedan cada vez más evidenciados. Los políticos lo saben y, en los programas de las últimas elecciones, se han referido a la necesidad de la financiación adecuada para el sistema educativo.

 

         No obstante, pensar que el problema se resuelve sólo con financiación es una burda mentira. Pensar que el problema educativo lo origina la precariedad de los medios económicos es una falacia de engañabobos. Hay una serie de valores que ningún sistema educativo ha de pretender erosionar, sino, por el contrario, posibilitar, como el valor del trabajo; de la necesidad de la "disciplina" académica y personal; de lo insustituible del esfuerzo individual; del respeto a todos; del carácter referencial del profesorado, sustituido y ninguneado, en no pocas ocasiones, por las ideas “constructivistas” de la LOGSE; de las buenas formas; del pluralismo ideológico y vital; de la aportación de los técnicos “de a pie”, de los de la tiza (no de los teóricos de laboratorio que, en muchos casos, ni pisaron un aula, ni cogieron una tiza, ni trataron jamás ni con niños ni con jóvenes); de la implicación positiva, no obstruccionista, de los padres y madres de familia en la tarea educativa, dejando de lado las prevenciones ideológicas y los miedos; de la estabilidad de unos determinados medios didácticos, sin que se sustituyan cada vez que se produzca un cambio de gobierno; de un consenso político que evite que el aula sea un tema más de confrontación ideológica, cual si de un parlamento se tratase; de fortalecimiento de la figura del director…

 

         Es mucho lo que se juega la sociedad para permitir que, por imposición de unos o dejación de otros, la Enseñanza esté sometida a un interminable caos. Por todo ello, considero extraordinariamente importante la lectura de la obra de Emilio Calatayud, juez de Menores de Granada, titulada “Reflexiones de un juez de menores”, en la que inserta un “Decálogo para formar un delincuente”:

 

         1.- Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

         2.- No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

         3.- Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

         4.- No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

         5.- Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

         6.- Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

         7.- Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

         8.- Déle todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

         9.- Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

         10.- Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

 

         De seguir el precedente decálogo, mucho me temo que la sociedad (padres, profesores, autoridades, políticos y poderes mediáticos y fácticos) pudiese hacer realidad esta estrofa de Oscar Wilde en su “Balada de la cárcel de Reading”, si bien él se refiriese a otro contexto:

 

“[…] Y aun al pequeño y temeroso niño

ellos lo matan con torturas de hambre

hasta que el niño  llora noche y día;

y castigan al débil y al idiota

y algunos presidiarios se enloquecen

y se mofan del viejo encanecido,

y al fin todos los hombres se pervierten,

y un vocablo decir no es permitido”.


08/02/2012

Desde el 1 hasta el 1 de un total de 1
1