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  BARROCO

Mire, yo no me lo quería creer, pero es que cada vez lo veo más evidente. Y mire que ya me lo explicó bien clarito mi catedrático de Literatura, don Francisco López Estrada. ¡Qué clases, señores, qué clases! Inolvidables. Y es que, mire por donde, las clases de don Francisco me sugerían vida radiante, me transportaban a lo más profundo de la creación literaria, y no sólo a la lectura, sino a la creación y a la vivencia y, para más gozo, en Sevilla, casi na, oliendo a azahar mezclado con el incienso, que en Sevilla es como el agua de colonia de la ciudad. Lo repetía con frecuencia. El barroco más que un periodo histórico, que también, es un espíritu, un talante, como se dice hoy. Bueno, hoy, y de la toda la vida, pero, bueno, es que hoy como que se ve más, y lo peor es que también se sufre más. “Unos más que otros”, pues sí señor, lleva usted razón.

 

          Y digo esto porque cada vez esta sociedad nuestra me parece más barroca, pero no en lo que el barroco tiene de explosión incontrolada de belleza y de goce estético, sino más bien de ganas de liar la madeja. Mire usted, Góngora, cuando se ponía a liarla, la liaba; las palabras, claro. Pero, bueno, no engañaba a nadie, sólo que le dio por la aristocracia verbal, y porque no lo entendiese ni la madre que lo trajo a este mundo. Y qué decir de Quevedo, por no citar a otros. Este no liaba las palabras, ni le gustaba los metaforismos cavernarios, pero retorcía los pensamientos como una trenza de arropía. Una forma de llamar la atención como otra cualquiera.

 

          Pero… es que hoy… ¿Usted ha observado el lenguaje barroco de nuestros hombres y mujeres públicos? Si se les pregunta cuándo va a terminar la crisis económica, responden que Marte es un planeta, y que miércoles, un día de la semana. ¿Y el tú más? ¡Qué arte! Con qué elegancia, con qué diplomacia, con qué riqueza expresiva hacen uso -lacónico, eso sí-, del “y tú más! El “y tú más” es como el cohetazo final con el que terminan las tracas de nuestras fiestas populares, es el bálsamo de Fierabrás, es la enigmática caja de Pandora, es un solo atiplado de una sinfonía barroca. Y si quiere ver arte barroco del inimitable, pregunte a nuestros brillantes hombres y mujeres cuándo habrá trabajo para casi todos, como en la Tienda de Primitivo, y colas en las Cajas de Ahorro para controlar los ídem de cada cual. Es entonces cuando en nuestros próceres bocazas el barroco se hace más puro, cuando con los ojos en blanco se lanzan sin miedo alguno al mesianismo más incontrolable. Las palabras brotan de sus ingenios lúcidas, clarificadoras, preñadas de esperanza: Guarnición tosca de este escollo duro troncos robustos son, a cuya greña menos luz debe, menos aire puro la caverna profunda que a la peña; caliginoso lecho, el seno oscuro ser de la negra noche nos lo enseña infame turba de nocturnas aves, gimiendo tristes y volando graves.

 

          Las angélicas caras que los escuchan quedan extáticas y extasiadas. Un “no tengo nada más que añadir” cierra la comunicación. ¡Qué mente! ¡Qué inteligencia! ¡Qué arte para hipnotizar las conciencias! ¿No me negará que esto tiene su mérito? Pues, mire usted, sí señor. ¿Qué quiere que le diga? Pero a mí como que me da que, puesto a escoger, si es que puedo -vamos… que si puede ser-, me quedo con el arte del Renacimiento, porque me huele a sinceridad, a humanismo, a libertad, a progreso, a equilibrio de desiguales, a avance sin trampas de cartón piedra y sin palabras maquilladas, a optimismo para todos, y a esa ciencia tan olvidada de la solidaridad y del compartir. No tengo el menor inconveniente en dejar para los barrocoparlantes, pero para que se los lleven para sus casas, no para que nos fustiguen con ellos, las crisis que sufre nuestro pueblo, la angustia de muchos hogares,  el dolor de la inseguridad, la verborrea frenética, las colas de mujeres para recoger alimentos de centros caritativos, los vaivenes que no van a ninguna parte… Es verdad, admirado don Francisco, el barroco excede a un mero periodo histórico, es un estilo de vida, pero vaya estilito que están haciendo algunos.


05/04/2010

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