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  EL DE LOS ALAMARES

Y yo que creía que se habían enterrado para siempre aquellos señoritos de antaño, tipificados en el don Guido de don Antonio Machado. ¡Qué ojos, don Antonio, qué ojos tuvo usted para ver; y qué arte para recrear! ¡Y qué redaños para el compromiso! ¡Cómo puso el dedo en la llaga! Aquellos señoritos de antaño por el señoritismo de tronío lo daban todo, y hasta asentaban la cabeza de vez en cuando, aunque fuese “de una manera española”, que no me negará que es una forma de asentarla. Que había que prestar el servicio militar, que lo prestasen otros… dinerito del taco, y que un suplente saltase al césped bélico donde se jugaban la vida en tiempos de guerra. Que se quedaban más secos que la mojaba, a buscar “doncellas de gran fortuna”, aunque fuesen más feas que Picio, el zapatero granadino que, condenado a muerte e indultado, del susto y la gindama que había pasado y del fogonazo de suerte, se le cayó todo lo que se le pudo caer de los pelillos que adornaban su cuerpo castizo.

 

          Y mire usted que yo creía que se habían enterrado, no por otra cosa, sino porque en una situación democrática como que no pegan -no señor, de ese “pegar” no, sino del otro; no de arriar golpes a diestra y siniestra, sino de juntar una cosilla con otra, ¡eso es!-. ¿Cómo va a pegar en una sociedad que proclama sus intenciones igualitarias, distributivas, modernas y de progreso con el señoritismo de quienes se suben a donde haya que subirse, se visten de alamares, cogen la caña de trincar, y aquí que se la den todas? Sí a usted, sí señor, que a usted se las están dando todas. ¿Ah, no? Pues mire, febrero de 2010: 82.130 parados más para la lista, que tampoco es la lista en la que usted piensa, sino aquella que se pone una cantidad tras otra y ¡zas! más de cuatro millones de parados, y viéndose al fondo el temible nombre de un cinco todo llenito de ceros.

 

          ¿Y cómo salir de la laguna negra de los Alvargonzález? Desde luego con el cainismo no. Con el cinismo, como que tampoco. Con la catarata de palabrería tramposa y falaz, tampoco. Con limosnillas tramposas a un pueblo en paro, nada de nada. Escondiendo en el fondo de la laguna negra la problemática realidad, menos. El camino ya lo señaló don Antonio: “Buen don Guido y equipaje, buen viaje… porque “el acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero”. Hay que despertar las conciencias de todos, no adormecerlas. Al pueblo se le ha acostumbrado al granderío, y vengan ropas de última… y vengan celebraciones de bodas que ríase usted de las bodas de Camacho… y vengan prestamitos bancarios para la feria y para el Rocío… y vengan coches para todos los miembros de la familia (es que la abuela no sabe leer… pues ¡coño! cómo no va a tener ella también el suyo, mira que le entra la ansiedad)… y vengan colegios de los caros para los niños, y vengan juguetes y juguetes para que los pobrecillos no se estresen… y vengan… y vengan… ¡¡Pues, a despertar, príncipes durmientes, que esa no es la vida!!

 

          La crisis de 1898 fue denominada el “desastre”, la de nuestros días se debería denominar “la de arrimar el hombro y ajustarse la correa”. El hombro de todos. Se pierde demasiado tiempo y demasiadas fuerzas en debates estúpidos, en palabrerías vacuas, en formalismos de humo. Hay que sumar y no restar. No son tiempos -¡ay la eterna negra noche de este país!- para, como los cerdillos a la hora de mamar de la mamá cerda, aferrarse a la pelea para llegar a la teta. Han de ser tiempos de austeridad, de eliminación de tantos entes multiplicados innecesariamente, que están dejando sin sangre el cuerpo nacional, y las víctimas, como siempre, son los miembros más débiles. Son tiempos para exigir soluciones, estructuras eficaces, honrados gestores, cabezas bien amuebladas, prensa crítica, y no tiempos de sumisión y aborregamiento. Las clases populares exigen soluciones y transformaciones sociales. El agua que viene para todos a todos ha de mojar. Si algunos tienen que privarse de sus añorados alamares, que se desprendan de ellos antes de que se los arrebaten. Así que a correr.


02/03/2010

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