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  UN MOMENTO

Contó Miguel de Unamuno en su epistolario que, al preguntársele cuál era su actitud ante el momento de impartir una conferencia o disertar en una clase, contestó: “Nada de información. Me llevo a mí mismo y basta” (Ep. II, 305).

 

Como pretendiendo no quererlo, contemplo las sombras que veo entre rejas, me las llevo al rincón de mis harapos relucientes, y allí las acojo, colecciono, canto y sueño.

 

Las hay de habladores de postín, de escritores de premios apergaminados, de gente de muchos posibles, de embadurnados rostros televisivos, de salvadores de las más difíciles circunstancias, de leguleyos de lo ajeno… y no sé cuántas cosas más.

 

Las miro con ternura, me cercioro de sus esqueletos con un tacto, tan escrutador como solidario; me hago de sus aromas rancios, de sus sonidos huecos, de sus formalidades invisibles para el mundo. Rompo el maridaje. Sólo son accidentes fatuos un día encontrados. Transmuto para siempre mis fidelidades preconcebidas.

 

Antes de tirar por la borda de la existencia el sosiego interior, antes de sentirme receptor de tanta vaciedad fatua, antes de sentirme asido por laocónticas manos atrapadoras, me doy al pensar de don Miguel de Unamuno. Hoy, don Miguel, de hacer lo que usted, algunos se partirían de rubor y risa, porque, descorrido el telón de muchas intimidades de las sombras, se hallaría “nula información”, y dentro de los “sí mismos” nada de nada.

 

Publicado en el MAGAZÍN CULTURAL DE SANLÚCAR, n. 11,

de la “Fundación Domínguez Lobato”.

Arte, Literatura y Flamenco en Sanlúcar.


17/11/2009

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