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  PUÑETERO PAÍS

          Y mire que es puñetero este país de nuestras penas y alegrías. Cuando le da por una cosa la persigue hasta reventar. Como que le gusta más una modita que a un tímido despedirse a la francesa. Y ahora les ha dado a muchas lumbreras del granderío del poder, y hasta a ciudadanos de este puñetero país, y a algunos intelectuales de todo a cien, por el desprecio de las llamadas Humanidades. Se exhibe la inquina por la lengua materna y por lo español. No se preocupe doña Concha que contra lo que no se lleva, al menos por ahora, es ir contra el vino español. ¡Cállese, por favor! Desde hace tiempo, los unos, los otros y los esotros andan, con la armadura de la pugna ideológica, inmersos en la cruzada de quemar todo cuanto huela a Historia, a Literatura, a Arte, a Geografía, a Sociología, a Religión, a Filosofía, a Lengua materna -si es la de siempre, claro- y a libros. Y de lenguas clásicas, ni te cuento. “Pa qué coño sirve estudiar latín o griego”, dirán desde su inculta y fétida prepotencia, mientras siguen su camino. Y es que la ignorancia es muy incómoda… para los demás, claro está, no para ellos.

 

          Y claro, a este menda le embarga una duda. Tan bélica y fascinante actitud ¿es consecuencia de una esmerada formación académica o engendro de una mente tan analfabeta como atrevida? Lo que es cierto es que la formación humanística pues, mire usted, como que no pega con la modernidad. ¡Ah!, ¿que no es eso? ¡No, no me diga! ¡No, no lo creo! ¡No puede ser! ¿Me dice, usted, que tal actitud nace de una pretensión intencionadamente manipuladora, y que el objetivo es podar la libertad del árbol del  pensamiento y, consecuentemente, del comportamiento de las nuevas generaciones? ¡Qué generoso es usted! Yo, a qué engañarle, no llego a tanto. Como no entiendo, adopto un carácter desconfiado.

 

          Mire, me sincero, pero que no se entere nadie. Yo creo que los que rigen los destinos “oficiales” de la enseñanza y de la cultura es que elaboran unos planes -no se me ría usted, que yo le he escuchado- para potenciar la “cultura popular”, pero no llegan a más porque sufren el endémico virus histórico de este puñetero país, la manifestación -y mira que calladito se queda mejor- de un vacío cultural que hace a muchos no sentir el menor pudor de lucir públicamente la desvergüenza de su ignorancia. ¿Qué quiere que le diga? Visto lo visto, como que siento nostalgia de los primates.

 

          ¿Que se va usted? Pues, váyase. Pero antes escúchemelo, escúchemelo, escúchemelo. No me podrá negar que en el siglo XX, y ahora mismito, las ciencias han avanzado que es una barbaridad. Y con los medios de comunicación, ¡qué peazo de globalización se nos ha metiíto por el cuerpo! Y con la globalización ¡qué gustazo pa las macroeconomías! -ah, ¿qué no sabe qué es eso? Pues, a la tele, a la tele, a la tele. Verá cómo se recicla como las botellas de plástico-. ¿No se ha dao usted cuenta de que se presenta un tejano, o un reloj, o un coche, en América y, al mismo tiempo en todo el mundo?… pues eso es globalización. ¿Va entendiendo? Pues toma más. ¿Se ha dao usted cuenta de que los señores del capital -que no, hombre, que no, que no son esos- se la pintan solos para encontrar una manita de obra baratita, unos sueldecitos bajos y… a producir y vender? Así las cosas, para qué van a aprender nuestros zagales la historia, si eso es de anticuaos; ni la filosofía, que tiene nombre de persona gorda y tartamuda; ni la literatura, que eso es para locos poetas; ni el arte, ni la geografía, ni la sociología, que todo eso es de pindinguis hijos de papá; ni la religión, que es el opio del pueblo. Que soy muy anticuao. Más anticuao es usted. Y de aprender a hablar y a escribir, ¿pa qué? Mire, hablar no hace falta. Los zagales van a sus fiestas y allí no se pueden escuchar ni los cacharritos de la feria, y además con cuatro signos se manejan de arte en el móvil y en el internete. ¿Pa qué hacerlos sufrir con la cultura con lo corta y sufrida que es la vida?

 

          ¿Sabe, usted, lo que yo pienso? -¿Qué a usted no le importa? Un respeto, mi buen señor, un respeto, que a mí sí me interesa lo que usted piensa. Lo que pienso yo es que ya se encargará la historia de poner a la Historia en su sitio. Mientras tanto, ¿sabe, usted, lo que yo le digo? Pues, las palabras que dijo a Sancho don Quijote -que no, hombre, que no es el farmacéutico-: Escuche: “sobre nosotros cae y se derrumba aquel incansable golpear que nos hiere y lastima los oídos; las cuales cosas, todas juntas y cada una por sí, son bastantes a infundir miedo, temor y espanto en el pecho del mesmo Marte, cuanto más en aquel que no está acostumbrado a semejantes acontecimientos y aventuras”.

 

          Sí, señor, ahí ha dado usted en el clavo. Que de los zagales qué. Déjelos hormiguear por las calles. Mire por donde me ha venío a la cabeza unas palabrillas de Samaniego -no me corrija, usted, y quítese el sombrero, que no es Sarmiento, sino Samaniego-. Así escribió aquel fabulista: "Dijo la zorra al busto / después de olerlo: / “Tu cabeza es hermosa, pero sin seso. / Como este hay muchos / que, aunque parecen hombres, / sólo son bustos". Puñetero país, puñetero país este que tropieza mil veces en la misma piedra.


11/09/2009

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