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  UN PATRIMONIO ENRIQUECEDOR

 

 

         Los actos repetidos crean hábitos y conductas estables de comportamiento. Si los actos reiterados son éticamente loables, crean hábitos que enriquecen a los humanos; por el contrario, si estos actos son inhumanos, envilecen a la condición humana. El hecho está históricamente comprobado y puede resultar en ocasiones de una peligrosidad preocupante, porque en épocas donde lo oficial y formal tenía un menor grado de incidencia en los humanos, estos eran más ellos mismos,  y hacían gala de una  mayor capacidad para que “la bondad innata” aflorase de manera espontánea. La sociedad mediática, inevitablemente implantada en nuestra sociedad, eclipsa el mundo interior de los humanos, para introducirlos en un mundo irreal y virtual.

 

         Una de las principales víctimas de esta situación está siendo la capacidad humana para el sentimiento. El sentimiento, la sensibilidad, la capacidad de emocionarse, el hábito de la ternura, la buena cuna de la gratitud, la vibración ante la caricia, la capacidad de la contemplación de lo bello circundante, la rebeldía ante las injusticias y la corrupción, se están convirtiendo alarmantemente en fósiles gélidos en el corazón de los humanos.

 

         No está creado el ser humano para la esclavitud, sino para la libertad. No radica por nacimiento en el corazón de los humanos la mezquindad, sino la amplitud de miras. Todo lo bueno  cabe en el corazón de la raza humana. Por ello, resulta, entre otros muchos dolorosos fenómenos de nuestra hedonista y materializada sociedad del momento, doloroso y deleznable el imparable y vertiginoso fenómeno de la vil insensibilidad de los seres humanos hacia la naturaleza toda. Principales víctimas son los animales, aquellos que han sido una riqueza tan patrimonial para los seres humanos que nuestros antepasados los calificaron de los “mejores amigos del hombre”.

 

         Hoy son maltratados, abandonados impunemente, condenados al vagabundeo, cazados con alevosía y “sacrificados”, vete a saber con qué criminales métodos. Fueron adquiridos con ilusión, mas considerándolos un juego más. Cuando brotó el sentimiento en animales nacidos para sentir y darse generosamente, comenzaron entonces los humanos a verlos como un estorbo, y así se aplastó el sentimiento emergido en tan nobles criaturas, abandonándolas en cualquier siniestra carretera, donde los animales mueren víctimas más de la soledad y la incomprensión que de las inevitables ruedas del primer coche que navegue en los raíles de la prisa emergida.

 

         ¡Tópicos justificadores no, por favor! Quien tiene sentimientos los tiene para todo y para todos. El buen trato a los animales no tiene en absoluto que ir emparentado con un olvido del buen trato a los seres humanos; más bien al contrario, como de un salutífero manantial de agua toda la que sale es de buena calidad, los sentimientos humanos no tienen límites, ni el hecho de bien tratar a los animales es de ninguna manera incompatible con dar cuanto los seres humanos se merecen por justicia. Más bien, quienes le niegan la dignidad a los animales y a la naturaleza son los mismos que se la roban a los seres humanos. No se ha de olvidar, por otra parte, que con demasiada frecuencia, son los dueños de los animales, con su falta de cuidado a las molestias que las acciones de los mismos crean en las zonas de todos los ciudadanos, utilizándolas como “servicios públicos”, quienes son los culpables de que muchos ciudadanos, amantes de la limpieza y del orden, viertan su antipatía sobre los animales, cuando en puridad se ha de verter, no sólo las antipatías, sino las pertinentes denuncias, contra tan irresponsables dueños.

 

         Ah, se me olvidaba, dos perros alegraron mi existencia y la de mis padres durante quince años. Difícil de agradecer tanta compañía, tanta fidelidad, tantos ratos vividos juntos, tantas anécdotas y tantas cosas. Ni Pinín ni Neli, el negro gran danés y la “rubilla” pequeñaja, nos arrebataron nada de cuanto pudiera corresponder a los demás seres humanos, todo lo contrario. Es que la nobleza natural anidaba en ellos , ni más ni menos que como en todos los seres de la creación.

 

 

 


11/08/2009

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