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  RACIONALIZACIÓN Y MATERIALIZACIÓN DE LA HISTORIA

 

 

Voltaire, y sin proponérselo Vico, sacaron la historia profana de la historia sagrada, supeditando la historia de la religión a la historia de la civilización. Con Voltaire se produce un cambio de la idea de la Providencia por la de progreso y, con su” Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones”, comienza la Filosofía de la Historia. En esta filosofía Voltaire prescinde de los anteriores supuestos religiosos de la interpretación cristiana de la historia.

 

A Voltaire le choca la visión cristiana de la historia, que ve la mano de Dios en cuanto acontece al pueblo hebreo. Contrapone a este el pueblo chino, muy superior en su creencia. Considera que los mayores obstáculos para el progreso son las religiones dogmáticas y las guerras, que son precisamente los dos principales temas de la teología de la historia de Bossuet.

 

Todo cuanto acontece en el mundo no se realiza con arreglo a un designio divino-providente, sino humano; de esta manera el hombre se ve obligado a sustituir la esperanza cristiana en la salvación por la esperanza en el progreso, y la fe en la providencia por la creencia en la capacidad humana para encontrar su propia felicidad terrena.

 

La postura de Vico es un tanto desconcertante, pues, después de afirmar que no existe mundo civil que hay sido establecido sobre el ateísmo, considera que la providencia transforma todos los vicios de los hombres en felicidad civil y que, a pesar de su origen sobrenatural, se produce de forma tan natural que casi coincide con las leyes sociales del mismo desarrollo histórico. Algunos comentaristas de Vico han visto en esta postura un “naturalismo peligroso”. Asimismo reduce al mínimo las diferencias existentes entre la credulidad y la fe, imaginación poética y verdad revelada, explicando esto por el empleo de una pedagogía divina lenta y que se desarrolla paso a paso. Concibe la religión como un fenómeno civil, profano e histórico. No dice nada de la persona de Cristo, ya que para Vico es más interesante el paralelismo y contemporaneidad ideal de la antigua Roma y las principales instituciones romanas.

 

Hegel sigue esta línea de racionalización de la historia, convirtiendo la teología de la historia en una filosofía de la misma. El único pensamiento que la filosofía ofrece a la contemplación de la historia es el “simple concepto de razón”. Prescinde del concepto de la providencia como el principio dirigente, y en su lugar introduce la otra idea del “ardid de la razón”: consiste en que esta razón introduce en los hombres históricos unas pasiones, deseos, inclinaciones, etc..., siguiendo a las cuales y en la persecución de unos fines particulares, se consiguen unos fines universales para la historia. Sin embargo, el “ardid” no es más que una expresión racional de la idea de Providencia.

 

Proudhon, por su parte, comienza afirmando que el sometimiento a la providencia cristiana es absolutamente irreconciliable con la fe en el progreso. De ello deduce que la labor de la revolución moderna no ha de consistir sino en la “defatalización” de la providencia, sustituyendo a Dios y suplantando la fe en la providencia por la creencia en el progreso, porque el Dios de la historia no es más que una creación del hombre y el ateísmo (lo identifica con el humanismo) es el fundamento de toda teodicea.

 

El avance de la historia no se realizará por lo tanto por una mano providente que la conduce, sino por medio de crisis revolucionarias que engendran nuevas concepciones de la justicia. Ejemplifica con la figura de Cristo, que predicó la igualdad de los hombres ante Dios; con la reforma y Descartes, que igualaban la conciencia y la razón; y finalmente con la revolución francesa, que proclamó la igualdad ante la ley, y de la que esperaba que acabase con la aristocracia, la religión y la burguesía, trayendo la igualdad definitiva mediante la “ecuación del hombre con la humanidad”.

 

Marx, por su parte, es el autor de la materialización de la historia, concibiéndola como la lucha entre diversas clases, reducidas en la actualidad a la lucha entre la burguesía y el proletariado. Es de notar cómo Marx ve en el proletariado el instrumento de la historia del mundo, el pueblo escogido por el materialismo histórico por la sencilla razón de que se halla excluido de privilegios, hasta el punto que llega a firmar que el proletariado es el corazón de la historia humana y su filosofía (la de Marx) su cerebro. Nos patentiza su “mesianismo histórico” al afirmar que, cuando el proletariado tome conciencia de estos principios, se establecerá el reino de libertad, un reino de Dios sin Dios.

 

 

Partiendo de los hechos empíricos del divorcio en los cristianos entre evangelio y vida y de aquel otro de que la religión es peculiar del capitalismo, afirma que hay que reanudar un desafío con el mito cristiano para que el hombre pueda dominar sobre este mundo. De ahí que encamine su crítica a cambiar el orden existente, afirmando que sólo cree en la revelación por la historia, no de Dios, sino del hombre, que la religión es un mundo desnaturalizado, y que esta es un sol ilusorio girando alrededor del hombre, mientras que este no gire alrededor de sí mismo.


10/04/2016

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