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  ORIGEN DE LAS HERMANDADES Y COFRADÍAS EN SANLÚCAR DE BARRAMEDA

 

 

                      

 

          Un fenómeno que irrumpe prontamente en la Iglesia sanluqueña es el de las hermandades y cofradías. Su nacimiento viene originado, en primer lugar, por la conciencia de que, a pesar de sus limitaciones y pecados, la Iglesia fue durante gran parte de la Edad Media la única defensora de los pobres, perseguidos y menesterosos; y, por otra parte,  estará relacionado con el nacimiento de los gremios. Los sanluqueños, como en otros muchos lugares, se agrupan, constituyen una cofradía o una hermandad con una comunidad de objetivos, colocándose bajo la advocación de Cristo, o de la Virgen, o de un santo. No se puede perder de vista que los hombres de esta época están inmersos en una cultura profundamente religiosa, sobrenatural, teocéntrica en la que todo lo esperan de Dios y son conscientes de su responsabilidad personal. El mérito personal, con oración, penitencia y obras de caridad, se complementaba con la ayuda que les podía provenir de la intercesión de la Virgen o de los santos.

 

          Fueron los laicos los que ocuparon el pleno protagonismo en el nacimiento y vida de las cofradías, a pesar de que algún Sínodo hispalense les dejó la misiva de que su función en la Iglesia era la de “callar y pagar”[1]. Las cofradías tuvieron en sus orígenes, impregnadas de sentido de religiosidad y de caridad fraterna, un profundo dinamismo, una frescura de la que adolecía la institución clerical, razón por la que con harta frecuencia los enfrentamientos, obstáculos y dificultades puestas a las hermandades se sumaron en exceso, de cuyas actitudes en muchas ocasiones fueron responsables las propias hermandades por la anarquía de sus comportamientos y el desorden en ellas imperante. Centraron su acción en esta época en el culto a Cristo, a la Virgen, o a algún santo, en las obras benéficas y en la creación y mantenimiento de hospitales.

 

          Además de las características comunes, cada cofradía tenía una finalidad específica: las clericales (existentes en la vecina Jerez de la Frontera, pero no aquí), la atención de los clérigos enfermos y los sufragios por sus almas; las hospitalarias, como las de la Santa Caridad (la que además tuvo como finalidad la de enterrar a los cadáveres que arrojaba la mar), o la de la Santísima Trinidad; las piadosas, que se centraban en el culto; las de una misma etnia, como la Cofradía de los negros, que se estableció en la Capilla de las Ánimas de la parroquial allá por 1525; y las pasionales, centradas en la meditación de los momentos centrales de la pasión y muerte de Cristo.

 

          A todo ello hay que sumar las manifestaciones de religiosidad popular surgidas de las entrañas del propio pueblo, alentadas por algún predicador o por alguna vivencia personal o acontecimiento social. Desde la más remota antigüedad tuvieron los sanluqueños la costumbre de colocar en las calles, de las que aún hoy día quedan restos, capillas, retablos urbanos, cuadros, etc.. que en muchas ocasiones servían para que las lámparas que los iluminaban sirviesen de única luz en la calle, como acontecería con la lámpara que durante mucho tiempo iluminaría el busto de la Virgen de los Dolores en la rinconada de la Cuesta de Belén.

 

          Las advocaciones cristológicas más frecuentes en esta época son la del Cuerpo sacramental de Cristo, devoción que se concretaba específicamente en el momento en el que el sacerdote en la misa alzaba la Hostia consagrada; Santa Vera Cruz; Sangre de Cristo y las Cinco Llagas. Las marianas: Santa María de los Ángeles, Nuestra Señora de la Antigua, Nuestra Señora de Belén, Nuestra Señora de las Cuevas, Nuestra Señora de la Expectación, la Asunción de Nuestra Señora, Nuestra Señora de Barrameda, Nuestra Señora de Guía... Santos: san Antón, sobre todo en siglos XIII-XV; Santiago; san Juan Bautista; san Sebastián, abogado contra la peste; san Pedro, que será el titular de una importantísima hermandad; santa Ana, que también fue titular de una cofradía sanluqueña; y san Blas, a quien con posterioridad se le dedicará una ermita y todo un barrio, el que surgirá a las afueras de la Puerta de Sevilla; san Lucas, san Jacinto; san Roque; san Nicolás ...

 

          La comunidad cristiana sanluqueña exteriorizaba asimismo su devoción por las peregrinaciones (aspecto este que se recoge en algún testamento, en que el testador menciona haber cumplido o no, o tener intención, caso de sanar, de peregrinar hacia alguna ermita); por los conventos, particularmente por el de los franciscanos; por los sufragios por las almas del purgatorio, lo que originará la fundación de gran cantidad de capellanías a raíz de mediados del siglo XV; por las procesiones...



[1] Cfr. José Sánchez Herrero:  La Iglesia de Sevilla durante los siglos bajomedievales (1248-1474), en Historia de las Diócesis españolas,  p. . 102.


06/03/2016

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