Mis comentarios ...

  SER Y VIVIR COMO COFRADE HOY


 

 

Sin la menor duda, nuestras Hermandades y Cofradías pueden significar una profunda riqueza para la Iglesia de Cristo. Ello, no sólo por el crecido número de fieles que pertenecen a ellas, sino, sobre todo, por el profundo enraizamiento que las Hermandades tienen en nuestros pueblos y ciudades. De ahí que nuestra responsabilidad sea grande. De ahí que quien se sienta cofrade de verdad no puede dejar reducida su vivencia cofrade a unos actos meramente superficiales o externos; porque el cofrade es, por encima de todo, un seguidor de Cristo, y como Él, un testimonio del amor del Padre en medio del mundo. Todo ello hace urgente que las Hermandades tenga como algo prioritario la formación adecuada de sus miembros. Con esta formación se abrirá el enriquecedor abanico de posibilidades de acceder a unos más profundos conocimientos en el maravilloso terreno del insondable misterio de Dios, único que da sentido y profundidad al misterio del hombre.

Para todo creyente, para todo discípulo de Cristo, se hace hoy apremiante –quizás como en ningún otro momento histórico–acceder a una profunda formación teológica. La formación religiosa no es un saber más, ni puede ser, de ninguna de las maneras, un saber abstracto y conceptual. La formación religiosa consiste en adentrarse en el profundo misterio de Dios, y esta interiorización no acaba sino en la plenitud de la vida trinitaria. Estudiar es conocer, conocer es vivir y vivir no es sino dar generosamente aquello que generosamente recibimos de las manos amorosas del Padre. Dios Padre es la Sabiduría plena de amor, Jesucristo es el amor y la Palabra del Padre encarnada, y el Espíritu Santo es quien lleva a su plenitud toda la intrínseca vivencia de la Sabiduría de Dios en la comunidad de creyentes que es la Iglesia.

En todo ello radica la grandeza de la formación del cofrade. Una grandeza apremiada en la actualidad no sólo por la riqueza que os traería una buena formación religiosa,  sino por la urgente necesidad que en la actualidad demanda el poder dar una respuesta a la situación de la sociedad, muy distanciada de los valores cristianos.  Un cofrade, en la sociedad actual, o tiene una sólida formación, una vida de fe  enraizada en la oración, en la vivencia profunda de los sacramentos y en la entrega comprometida a una constante y generosa entrega pastoral a los demás dentro de la Iglesia, en la parcela en la que haga realidad su compromiso de agente de pastoral, o se verá arrastrado por las olas de una sociedad inmersa en la cultura de la muerte, de la desesperanza, del hedonismo, del agnosticismo, del formalismo sin sentido, de la carencia de valores, del culto a la inmediatez, a lo inmanente. El reto de la Iglesia, de todos sus miembros, no es otro que encender valientemente, esperanzadamente, en la sociedad actual la luz de Cristo resucitado, para que hombres y mujeres del siglo XXI recuperen y revitalicen el sentido cristológico de la historia, que, sin Cristo, no es más que “un acontecer de hechos contados por un loco”, como dijo Schakespeare.

 

Por todo ello, queridos cofrades, apuntalad vuestras Hermandades en unos fundamentados conocimientos teológicos, que os hagan vivir la fe, celebrarla y ser en vuestro pueblo, en vuestras familias y en vuestra Hermandad una luz de Cristo que ilumine el caminar de tantos hombres y mujeres que, aun sin saberlo, lo añoran y lo buscan.


25/02/2016

Desde el 1 hasta el 1 de un total de 1
1