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LO ESPAÑOL
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Tal vez una de las costumbres más insanas es la valoración de la realidad contemplándose el ombligo, como inteligente resulta cuando del propio ombligo hacen una lectura los demás. No es porque lo de los demás valga más que lo de uno propio, pero tal vez estén en situación de aplicar un mayor grado de objetividad a la valoración de lo que se analiza. Cuando, además, lo contemplado no pertenece ya a esta época, sino a una lontana, pues mejor que mejor, por aquello de que los genes parecen que se transmiten de generación en generación.

 

         Siempre me pareció de interés la visión de los viajeros extranjeros que, por una u otra circunstancia, venían a esta nación de nuestras penas y amores y, posteriormente, escribían sobre ella. El fenómeno fue muy generalizado en el Romanticismo. Y es que para el espíritu romántico este país tenía tanto morbo como tronío, que si toreros, que si flamenconas, que si bandoleros, que si muertos por lances de honor, que si inquisición, que si brujas. Pero el fenómeno es mucho anterior, porque estas tierras, a qué ocultarlo, fueron, por las más diversas circunstancias, de mucho interés, más para los extraños que para los propios.

 

         Me refiero ahora a todo un personaje florentino que plantó sus reales en este real país allá cuando los mismísimos católicos reyes Isabel y Fernando habían protagonizado la unión en un solo reino de algunas de las diversas Españas. Se trata de Francesco Guicciardini (Florencia, 1483- Arcetri, 1540), historiador, doctor en ius civile, político y hasta filósofo. A todo ello, ha de unirse su cargo de embajador en España, ocasión que aprovechó, dada su afición a la pluma, para escribir su obra “Redazione di Spagna”, en la que, entre otros asuntos, dio un repaso a la forma de ser de los españolitos que conoció. De ellos dejó estas impresiones:

 

         “Los hombres de esta nación son de carácter sombrío y de aspecto adusto, de color moreno y baja estatura. Son orgullosos, y creen que ninguna nación puede compararse con la suya. Cuando hablan, ponderan mucho sus cosas y se esfuerzan en aparecer más de lo que son. Inclinados a las armas, acaso más que ninguna otra nación cristiana, y aptos para su manejo, por ser ágiles, muy diestros y sueltos de brazos.

         Estiman mucho el honor, hasta el punto de que, para no mancharlo, no se cuidan generalmente de la muerte. No se dedican al comercio, considerándolo vergonzoso, porque todos tienen en la cabeza ciertos humos de hidalgos, y se dedican con preferencia a las armas con escasos recursos, o a servir a algún grande con mil trabajos y miserias.

         La pobreza es grande, y en mi juicio no tanto proviene de la calidad del país cuando de la índole natural de sus habitantes, opuesta al trabajo. Prefieren enviar a otras naciones las primeras materias que su reino produce para comprarlas después bajo otras formas, como se observa en la lana y en la seda, que venden a los extraños para comprarles después sus paños y sus telas.

         No son aficionados a las letras, y no se encuentra ni entre los nobles ni en las demás clases conocimiento alguno, o muy escaso, y son pocas las personas que saben la lengua latina. En la apariencia y en las demostraciones exteriores, muy religiosos, pero no en la realidad.

         Esta nación ha estado oscurecida hasta nuestros tiempos, y hoy no sólo la vemos libre de servidumbre, sino que comienza a mandar a las demás; lo que proviene de la sabiduría de quien la gobierna y de la circunstancia de haberse reunido Aragón y Castilla en un solo reino y bajo un solo cetro […] habiéndose unido una señora muy distinguida con un príncipe prudentísimo”.

 

         Se trata evidentemente de una pincelada histórica, pero es que la historia se repite tanto que, más que realidad, parece una reiteración del mito de Sísifo. ¿Cualquier otro Guicciardini de la actualidad describiría lo español como orgulloso, creído, amante de las apariencias, belicoso, perezoso, inculto o de religiosidad superficial? Chi lo sa?

Publicado el 16/03/2012
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COMUNICADO CONJUNTO DE LA HOAC Y LA JOC
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La HOAC y la JOC ante la nueva reforma laboral

17 febrero 2012 

La Juventud Obrera Cristiana y la Hermandad Obrera de Acción Católica, como parte de la Iglesia en el mundo obrero y del trabajo, ofrecemos esta reflexión ante la aprobación por el Consejo de Ministros de una nueva reforma laboral.

Nos encontramos con la 16ª reforma del mercado de trabajo en democracia. Hasta ahora las sucesivas reformas laborales llevadas a cabo por los gobiernos, de uno u otro signo político, bajo el pretexto de modernizar y flexibilizar dicho mercado laboral, han transformado la concepción y función del trabajo asalariado en nuestra sociedad y están socavando los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias.

Estas reformas siempre se han presentado como una necesidad para combatir el desempleo, pero sólo han conseguido:

- incrementar el empleo temporal, especialmente para los jóvenes;

- diversificar las modalidades de contratación a la carta;

- abaratar el coste del despido;

- reducir el crecimiento de los salarios;

- devaluar lo público (servicios sociales, educación y sanidad).

En definitiva, han profundizado en el trabajo precario y en el empobrecimiento de las familias trabajadoras. Un ejemplo lo tenemos en los años de crecimiento económico anteriores a la actual crisis: aún creándose riqueza y empleo, estos no sirvieron para disminuir la pobreza en nuestro país.

Ninguna reforma ha estado orientada hacia la expansión de un empleo decente como Benedicto XVI reclama en la encíclica Caritas in veritate. Los derechos que emanan de un trabajo a la altura del ser humano no pueden estar subordinados a las exigencias económicas. Es la economía la que debe orientarse a las necesidades de las personas y de sus familias; es el ser humano el centro de la actividad económica y laboral. El respeto a la dignidad del trabajo, vinculado a la dignidad de la persona, es y debe ser el criterio central de una economía orientada por “una ética amiga de la persona”. (Benedicto XVI, Caritas in veritate, 45)

Esta nueva reforma es otra agresión al trabajo humano como principio de vida. Creemos que una reforma laboral que pretende ser completa y marcar un antes y un después en las relaciones laborales, no puede hacerse sin el suficiente consenso social entre las personas trabajadoras y el colectivo empresarial. Y tendría, además, que responder a las necesidades de las familias trabajadoras y no a las exigencias impuestas por los mercados financieros, las grandes empresas, las instituciones comunitarias y los organismos económicos internacionales.

Esta reforma laboral es una vuelta de tuerca más para flexibilizar el mercado de trabajo:

- Quiebra el derecho constitucional a la negociación colectiva y a la capacidad organizativa de los trabajadores –no existe negociación real de los trabajadores en el ámbito de la empresa cuando el 95% del tejido productivo español está compuesto por empresas de menos de 50 trabajadores. Este Real Decreto contempla la fractura de la cohesión social al habilitar la “caducidad” de los convenios colectivos desincentivando cualquier negociación entre las partes.

- Facilita y abarata la expulsión del mercado de trabajo: quita trabas al despido por causas económicas; rebaja la indemnización del improcedente (pasando a 33 días por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades) y elimina la autorización administrativa para poder llevar a cabo los expedientes de regulación de empleo. Los contratos indefinidos con esta nueva regulación tampoco tendrán, como los temporales, condición de estabilidad.

- Abre el camino para ajustar los salarios a la productividad. Con esta reforma, los salarios de los trabajadores más débiles van a depender de la voluntad unilateral del empresario.

- Dificulta, cuando no impide o precariza, el empleo juvenil. Más del 80% del empleo destruido por la crisis corresponde a empleo juvenil. El nuevo contrato de trabajo indefinido, especialmente para jóvenes (también para desempleados de larga duración), dirigido a las empresas de menos de 50 trabajadores, se puede convertir, más que indefinido, en un contrato temporal sin causa justificada. Estas nuevas modalidades de contratación y regulación ponen en serio peligro, aún más, la estabilidad presente y futura de la mayor parte de la juventud.

No compartimos la individualización de las relaciones laborales que propone esta reforma. Recordamos a nuestros gobernantes que el trabajo es una experiencia comunitaria y que una de las funciones de la empresa, según la Doctrina Social de la Iglesia, es favorecer la comunitariedad. Todo lo que suponga la individualización, dar prioridad a los intereses personales frente a los colectivos, significa romper la vocación a la comunión del ser humano

No es lícito eliminar derechos y protección de las personas trabajadoras con el argumento de combatir el desempleo y de reducir la temporalidad, cuando han sido las políticas económicas de los últimos gobiernos las que han provocado que haya un tejido productivo tan débil y un empleo tan precario.

No podemos seguir flexibilizando  las relaciones laborales sin garantizar la seguridad de una vida digna para las personas trabajadoras y sus familias. Y esta reforma se lleva a cabo en un contexto de quiebra del Estado de bienestar, de reducción del sector público y de recortes de los servicios y prestaciones sociales sin precedentes.

Esta reforma rompe el débil equilibrio conquistado históricamente entre capital-trabajo, alejándose del principio siempre defendido por la Iglesia de la prioridad del trabajo frente al capital. Además, supone un nuevo golpe al Derecho Laboral limitando su capacidad de frenar la creciente mercantilización y “cosificación” del trabajo humano. Consideramos que este gobierno ha aprovechado el estado de quietud y miedo de la mayor parte de la ciudadanía, para eliminar viejas conquistas laborales y aspiraciones conseguidas tras muchas luchas de tantas personas a lo largo de la historia.

Los retos actuales que atraviesa la economía española requieren medidas políticas concertadas en el ámbito internacional que subordinen la economía financiera a la economía productiva. Es preciso, como ha pedido insistentemente Benedicto XVI y el Pontificio Consejo Justicia y Paz, una reforma del sistema financiero internacional. Esta reforma supondría avanzar en justicia social y comunión de bienes, redistribuyendo efectivamente la riqueza existente; controlar la economía especulativa y frenar el desmedido afán de lucro, en lugar de eliminar derechos. Este es el camino que puede generar riqueza orientada a la creación de empleo decente y con derechos, y a disminuir la pobreza.

Como Iglesia en el mundo obrero, en las actuales circunstancias, pedimos a las autoridades políticas, a los agentes sociales y económicos, al conjunto de los trabajadores y de la sociedad, y especialmente a los cristianos y cristianas, que caminemos juntos, con la intención de eliminar las causas que han generado esta crisis económica y, al mismo tiempo, superemos las estructuras económicas y sociales injustas que tanto sufrimiento, deshumanización y pobreza están provocando a las personas.

También instamos a los partidos políticos a corregir y reorientar, en el proceso parlamentario, esta reforma laboral poniendo en el centro de la misma el trabajo decente y con derechos y, al mismo tiempo, animamos a participar en las iniciativas y movilizaciones que se convoquen por parte de las organizaciones eclesiales, sociales y sindicales que ayuden a tomar conciencia y revertir esta situación tan lesiva para las personas trabajadoras y sus familias.

Publicado el 09/03/2012
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LA ASIGNATURA IMPRESCINDIBLE
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Necesarias son las leyes que regulen la Educación en nuestro país, pero más importante es que estas estén bien elaboradas y dotadas de carencia de “ocultas intenciones políticas”, que a la postre están llamadas al fracaso. En los últimos veinticinco años, tras la Ley de Villar Palasí, ha habido seis leyes orgánicas sobre la Educación. Resultado de la mayoría, fracasos y frustraciones, de manera que el denominador común ha sido el denominado “fracaso escolar”, hasta el extremo de colocarse nuestro país en uno de los que tiene una mayor tasa de dicho fracaso. Si toda ley tiene vocación de eficacia, podemos deducir que tales leyes no han sido efectivas. Los resultados están siendo altamente peligrosos para nuestra sociedad, como quedan cada vez más evidenciados. Los políticos lo saben y, en los programas de las últimas elecciones, se han referido a la necesidad de la financiación adecuada para el sistema educativo.

 

         No obstante, pensar que el problema se resuelve sólo con financiación es una burda mentira. Pensar que el problema educativo lo origina la precariedad de los medios económicos es una falacia de engañabobos. Hay una serie de valores que ningún sistema educativo ha de pretender erosionar, sino, por el contrario, posibilitar, como el valor del trabajo; de la necesidad de la "disciplina" académica y personal; de lo insustituible del esfuerzo individual; del respeto a todos; del carácter referencial del profesorado, sustituido y ninguneado, en no pocas ocasiones, por las ideas “constructivistas” de la LOGSE; de las buenas formas; del pluralismo ideológico y vital; de la aportación de los técnicos “de a pie”, de los de la tiza (no de los teóricos de laboratorio que, en muchos casos, ni pisaron un aula, ni cogieron una tiza, ni trataron jamás ni con niños ni con jóvenes); de la implicación positiva, no obstruccionista, de los padres y madres de familia en la tarea educativa, dejando de lado las prevenciones ideológicas y los miedos; de la estabilidad de unos determinados medios didácticos, sin que se sustituyan cada vez que se produzca un cambio de gobierno; de un consenso político que evite que el aula sea un tema más de confrontación ideológica, cual si de un parlamento se tratase; de fortalecimiento de la figura del director…

 

         Es mucho lo que se juega la sociedad para permitir que, por imposición de unos o dejación de otros, la Enseñanza esté sometida a un interminable caos. Por todo ello, considero extraordinariamente importante la lectura de la obra de Emilio Calatayud, juez de Menores de Granada, titulada “Reflexiones de un juez de menores”, en la que inserta un “Decálogo para formar un delincuente”:

 

         1.- Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

         2.- No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

         3.- Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

         4.- No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

         5.- Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

         6.- Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

         7.- Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

         8.- Déle todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

         9.- Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

         10.- Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

 

         De seguir el precedente decálogo, mucho me temo que la sociedad (padres, profesores, autoridades, políticos y poderes mediáticos y fácticos) pudiese hacer realidad esta estrofa de Oscar Wilde en su “Balada de la cárcel de Reading”, si bien él se refiriese a otro contexto:

 

“[…] Y aun al pequeño y temeroso niño

ellos lo matan con torturas de hambre

hasta que el niño  llora noche y día;

y castigan al débil y al idiota

y algunos presidiarios se enloquecen

y se mofan del viejo encanecido,

y al fin todos los hombres se pervierten,

y un vocablo decir no es permitido”.

Publicado el 08/02/2012
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NO ES LO MISMO MI ABUELA POLÍTICA QUE LA POLÍTICA DE MI ABUELA
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Se produjo el cambio político. Bienvenido sea y “que sea pa bien”, como dice mi abuela, la pobrecita mía, hasta en los entierros, porque tal expresión ella la considera de gente fina. Hay que ser bruta, pero es que ella no es de más comer. Cambios habrá, a qué dudarlo. La Moncloa, que tiene ya más retoques que una artistona coplera, dará cobijo a una nueva familia. Se harán en ella los “inevitables” cambios de mobiliarios, de ejcortina (como dice la Pepa), de fofás (como gritó aquel energúmeno en la discoteca, cuando al llamarlo su parienta “maricón”, -así como suena hondo y redondo y con mil persones por el palabrejo- él le contestó también a gritos, que es la lengua que se habla en la actualidad gracias a los programitas rosas de la telecaca, “po ezo no me lo dice cuando te cojo en el fofá”. Y ahí quedó), de cuadros, de alfombras y de cuanto se le antoje a la nueva señora de casa-morada y a su presidencial familia.

 

         Y cambios habrá en los ministerios, en las delegaciones, en las delegaciones de las delegaciones, en las delegaciones de las delegaciones de las delegaciones… Y este menda, de los de “la playa de Sanlúcar” (como escribió Cervantes en su Quijote) se pregunta ¿no será posible acabar de una vez con el despilfarro a costa de un país que está más hundido que el barco del arroz? ¿Habrá vergüenza torera para acabar con tantos asesores, tantos oropeles, tantas televisiones, tantos negocios “y todo a media luz, a media luz los dos”?, como cantaba Gardel. Ahora que dicen que dicen que ETA está dormidita… ¿Qué usted no se lo cree? Mira este… ¿cree usted que es el único? Bueno a lo que iba. Ahora que la bestia come en el plato del niñito de leche, ahora que se puede meter la mano en la guarida del áspid, ahora que el cordero juega con el lobo, ¿comenzarán nuestros ilustres personajes a bajarse de los coches oficiales, comprados con el taco del pueblo, y empezarán a saber lo que es un autobús, un taxi, un tren… como todo hijo nacido de las entretelas de su mamá?

 

         Sí, sí, eso también. Si es que mi abuela es un primor. ¡Que sí, abuela! ¡Que no sólo no se van a subir los sueldos…! Bueno, “er jorná”, como tú dice, ¡Sino que se lo van a bajar! Tiempo al tiempo. Bueno, ya sé lo que tú piensas. No seas exagerada mujer. Tampoco es eso. ¿Cómo vas a arreglar a España con una escoba de barrer? Sí, las palmas para dejar todo lo que hay bajo las alfombras más limpio que una patena, y el palo para ahuyentar a los dedoslargos. Muy fácil lo ves tú.

 

         Sabes lo que yo te digo, abuela. Fíjate con lo poquito que yo me conformaba. Que gobiernen los preparados, no los enchufados, ni los lameculos, ni los que tienen dedos de imanes para atraer y arramplar con todo lo que se les acerque; que ganen lo justo y lo correcto, sin olvidar que, cuando el pueblo pasa hambre, solucionar este problema es lo prioritario; que vivan austeros y se dejen de ostentaciones, de mentiras y de traiciones a los que tienen la verdadera soberanía, el pueblo en general; que se vayan de los cargos tal como entraron, no con las carteritas más preñadas que la Filo; que se dejen de filosofías baratas y obsoletas y que llamen al pan pan y al vino vino; que usen tu escoba para espantar a los listillos de tres al cuarto que se acercan a la Administración a la caza y captura de mamelas; que se metan en el coco que una persona vale más que todas las ideologías. ¡Ah, y que se acabe de una vez aquello tan viejo ya de que quienes se lo llevan calentito, se van de rositas! Sí, abuela, sí, ya sé que esto es una utopía. Pero, aunque no sepas muy bien qué significa esta palabra, ¿no crees que vivir en la utopía es tan necesario como gratificante? Ya veremos, abuela, ya veremos. El pueblo se merece dignidad y no tener que acudir a la botella cuando acosa la riada.

Publicado el 23/11/2011
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VERDADERA DEMOCRACIA REAL YA
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Se veía venir. En distintos comentarios de esta sección me he referido al hastío de muchos sectores sociales ante algunos políticos, hasta alcanzar grados de generalidad en algunos de ellos, al tiempo que he venido subrayando que, más pronto o más tarde, saldría de su telúrica caverna el "monstruo" juvenil que, desde hace bastante tiempo, se ha pretendido generar incubándole la filosofía de Nietzsche del “nihilismo total”. Mire por donde, afortunadamente, los objetivos no se lograron en algunos sectores. En los últimos días, y en más de sesenta ciudades diferentes, la gente, harta de estar harta, ha salido pacíficamente a la calle demandando la implicación de todos los ciudadanos en la marcha del país. No creo que sea un ataque a la clase política, porque en esta, como en las demás, hay de todo. De ninguna manera los garbanzos de la olla de lo público son todos negros, hay excelentes políticos, laboriosos, sacrificados, preparados y honestos. Considero que es un ataque al sistema, desgraciadamente degenerado y mal usado, porque este genera, con la colaboración de los verdaderos garbanzos negros, desconfianza, rechazo y hastío. Siempre me llamó la atención en la clase política que a más altura, más se le ve las vergüenzas, al tiempo que a menos altura jurisdiccional más se contemplan los afanes de la buena gente que se dedica al servicio de su pueblo, con sus carencias y limitaciones, pero en todo momento con honradez. No tienen la culpa de la contaminación de los ríos todos los ciudadanos, sino sólo aquellos que, de una u otra manera, generan tal contaminación.

 

          Algo que me sorprende muy positivamente es hacia qué diana se ha dirigido la flecha de la acusación de culpabilidad. Claramente hacia los poderes financieros y las grandes instituciones empresariales. También quedó indicado en comentarios de esta sección. Sin rodeos. Hoy no existen las ideologías, al menos no se captan como antaño. Murieron hace tiempo. A las tumbas los tópicos. El mismo “chute” tóxico por la ambición de poder tienen injertado en las venas los que se denominan “progres” y los “conservadores”, así como los que no sabiendo en dónde se encuentran, quedan a la espera de algún que otro pactillo que llevarse a la boca. ¡Qué olor a polilla y a bolitas de alcanfor! Que no, hombre, que no, que todo es mentira pura y dura. Es el gran capital, y además programada y sistemáticamente, el que rige los destinos de los pueblos, el que quita y pone reyes y presidentes, el que derrumba gobiernos, el que destroza naciones, el que corrompe a políticos, el que genera enfermedades y las difunde, por aquello de controlar la demografía. Los políticos, se pongan la pegatina que se pongan, sobre todo en periodos electorales, se ven obligados a ser meras comparsas, arlequines movidos patéticamente por la mano grasienta del capital. Ya hace mucho tiempo que muchos jóvenes-adultos venían tomando conciencia de la corrupta sociedad que los políticos estaban dejando para el futuro y para el presente. La mentira es sibilina, máxime utilizada por domadores de serpientes, pero la juventud-adulta está recuperando sus ilusiones de siempre, de verdad, de libertad, de solidaridad y de una democracia que no sea una verdadera farsa. Esto es un brote de esperanza.

 

          El movimiento tan sólo ha dado su toque de salida. Está, no obstante, tan cargado de razones de todo tipo, que nadie, como en décadas anteriores, los podrá acusar de “rebeldes sin causa”. El movimiento ha de permanecer en su objetivo de conseguir una verdadera regeneración ética. Sin ella, los cambios meramente superficiales, y no nucleares, serían la vuelta a las fábulas del pasado. Pero ¡ojo!, los políticos, de unos y otros signos, saben que tienen el agua al cuello. No pueden pretender engañar con el “y tú más”, por más que saquen de sus privilegiados cortijos a los mastines ladradores cuando algo se mueve. Sus ladridos tan sólo producen hilaridad y pena. Quiero esperanzarme con que este movimiento emergente es el grito de los sin voz, de los que no tienen trabajo, de los que carecen de viviendas, de los que sienten hastío por tanta corrupción generalizada, de los que se sienten impotentes por la indefensión de las masas populares. No quiero ni pensar, por más que ya la historia reciente nos ha dado asquerosos testimonios de la más repugnante mentira y de adónde se es capaz de llegar por seguir o conseguir el poder, que el movimiento pudiera haber sido manipulado, creado o subvencionado por aquellos contra quienes aparentemente este movimiento se dirige.

 

Sería la mayor de las traiciones al pueblo, tanto por parte de los mendaces generadores, como por parte de quienes secundasen tales proyectos. Que no vengan quienes llevan toda la vida comiendo  de lo público, y culpables, en no poca parte, de la crítica situación actual del pueblo al que han considerado su cortijo, a querer ponerse delante del movimiento. Si se trata de engañar que lo practiquen con sus venerables padres. No faltaba más que quienes han dilapidado el espíritu noble y solidario de la transición; que quienes se han pasado por el forro de sus caprichos la lucha de tantos años por parte de las verdaderas conciencias comprometidas y hoy engañadas y frustradas, tanto de hombres como de mujeres; que quienes oportunidades tuvieron para actuar de otra manera desde hace mucho tiempo quisieran ahora ser nuevamente los salvadores del pueblo (como en otros ominosos momentos de la historia), de este gran pueblo, al que tan inicuos salvadores, con su  prepotencia, inutilidad y espíritu corrupto, han llevado a las mismísimas puertas del hundimiento. Resulta curioso. Es sólo un mero ejemplo que clarifique lo que quiero expresar. Los enfermos recién operados organizan una manifestación ante el hospital en los que se les intervino, por considerar que las intervenciones habían consistido, por dejadez e inoperancia, en fallos tras fallos. Alguien da la orden. Los cirujanos se desprenden de la bata verde. Salen a la calle y se ponen por delante de quienes protestan, portando las mismísimas pancartas. ¡Qué morro! Pero, si tan sólo con haber cumplido con el mero deber la manifestación se podría haber evitado. ¡Cómo duelen tanto asco y repugnancia, ¿no? don Miguel de Unamuno! Es la hora de todos. En el movimiento de generación ética nadie de buena voluntad ha de quedar excluido. No se ha de mirar al pasado, que tan sólo serviría, bien leído sin acritud, para mejorar el presente, que no es poco, sino al futuro. Este país sabe, puede y... bienvenidos quienes se apunten además al “quiere”. No son tiempos de odios ni de descalificaciones, sino de empujar, entre todos, el verdadero carro de la libertad y el progreso. ¿Caerá de una vez el muro de las dos España, dejando tras su caída horizontes de libertad?

 

Publicado el 18/05/2011
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